Analistas

Generar conocimiento integrado

Uno de los grandes retos del presente es la consolidación de visiones integradas de la realidad, que se convierten en la principal fuente de contexto para la planificación de actividades empresariales, del Estado o de los grupos sociales. La modernidad y las ciencias experimentales nos permitieron profundizar en los misterios de la materia, del cosmos, de los ecosistemas, de las culturas, pero la inmensa cantidad de datos e información derivada de este proceso, que alimenta la aventura tecnológica del siglo XXI, también ha conducido a la creación de tormentas impredecibles con efectos letales en cualquiera de los sistemas analizados: crisis financieras globales, crisis energéticas, crisis migratorias, crisis climáticas. No hay otro camino para entender estas crisis que la generación de un nuevo tipo de conocimiento que reconozca que la sola producción y ensamblaje de datos es insuficiente para abordar la complejidad.

Las instituciones académicas y de investigación tanto públicas como privadas afrontan preguntas muy específicas acerca de fenómenos relativamente simples: la evolución de los precios de las materias primas, la demografía humana, la dispersión de agentes epidémicos. Pero las empresas y las organizaciones de la sociedad civil, que piensan cada vez a más largo plazo porque de ello depende su supervivencia y proyección, no se pueden conformar con ello: requieren análisis de contexto cada vez más complejos, escenarios donde la incertidumbre sea fuente de oportunidades y por tanto manejable sin necesidad de destruir la complejidad que la produce y de la cual depende la evolución del sistema. Ese contexto y esos escenarios son el resultado de otras epistemologías, donde el Estado podría reencauzar muchas de sus actividades en nombre de la sociedad, so pena de naufragar en el corto plazo de los programas electorales o la inercia de las burocracias.

La deforestación, por ejemplo, configura un buen caso donde la acumulación de datos es incapaz de dar razón del fenómeno, por más que se precise al máximo la calidad de la información acerca de las áreas taladas, los agentes involucrados, los costos implicados o las especies biológicas afectadas: se requiere un mecanismo de agregación de valor de ese conocimiento que, partiendo de un marco de integración con teorías sólidas detrás, permita interpretar desde varios ángulos el problema de la destrucción del bosque y sus consecuencias. Mientras esto no se produzca, se propondrán siempre soluciones parciales, ineficaces o que solo nos permiten comprar tiempo mientras el sistema (la política forestal, las actividades asociadas y el bosque) colapsan como un castillo de naipes. Es tiempo de pasar del conocimiento especializado al conocimiento integrado. La prensa escrita, por ejemplo, se ha convertido en un excelente mecanismo de síntesis y producción de conocimiento en este nivel.

De nada sirve acumular datos e información, así sean de excelente calidad y se dispongan al servicio del público, si no hay una perspectiva sistémica e interpretativa de ellos dentro de un discurso coherente de sostenibilidad: ese es el reto para construir conocimiento útil para la sociedad. De lo contrario, la percepción seguirá la tendencia preocupante que expresan dirigentes o movimientos mundiales que desestiman el papel de la ciencia, cuestionan el gasto en ella y prefieren refugiarse en la comodidad del dogma con el que subsisten sus electores. Malas estrategias adaptativas para estos tiempos…