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Congreso Mundial de Conservación

El Presidente Barack Obama anunció la semana pasada la creación del Área Protegida Marina más grande del planeta en la instalación del Congreso Mundial de la Uicn (Unión Internacional para la Conservación) en Hawái, probablemente el evento ambiental más grande y épico del planeta.

La Uicn, creada como un cuerpo mixto global y autónomo de miembros interesados en debatir y desarrollar estrategias para proteger la biodiversidad mundial, reúne cada 4 años decenas de delegaciones de gobierno con representantes de ONG, académicos y líderes locales, para dirigir un proceso extremadamente intrincado de discusiones acerca de los riesgos de extinción de la fauna y la flora mundiales (conocido ampliamente como el método de los Libros Rojos) o el avance en la gestión de la áreas protegidas públicas o privadas del planeta. Trabaja mediante comisiones permanentes de expertos, quienes aportan su conocimiento y tiempo de manera voluntaria desde universidades u organizaciones ambientalistas.

A destacar, una perspectiva múltiple que reconoce que no solo de ciencias naturales vive la conservación. Su Comisión de Asuntos Económicos ha liderado por muchos años la discusión acerca de los incentivos perversos o positivos para la protección y uso sostenible de la biodiversidad y hoy en día, acerca de las economías de la conservación, incluyendo el potencial de la llamada economía verde. Hubo grandes debates al respecto durante los 10 días que duró el evento, el cual se podía seguir a través de la página web de la organización en al menos cuatro idiomas.

Uno de los aspectos más sobresalientes del trabajo de la Uicn es su más reciente propuesta de “Adaptación basada en ecosistemas”, núcleo de la Comisión de Ecosistemas y que viene siendo liderado por la colombiana Angela Andrade, convencida de que en la gestión social del funcionamiento del territorio reside la clave para afrontar los peligros del cambio global. Sólo una perspectiva de innovación en la administración integrada de aguas, suelos y biodiversidad podrá ofrecer alternativas sostenibles al desarrollo y esta administración debe partir de los modos de vida y las respuestas culturales que la sociedad ha construido durante su historia para adaptarse a los efectos que su misma presencia acarrea. Una perspectiva iluminadora en tiempos del posconflicto colombiano, donde los ejemplos de la mala adaptación abundan y son el dolor de cabeza de las autoridades, pues implican incluso un cambio profundo en la perspectiva de ejercer su función: las formas de gobernar el ambiente parecen haber dejado de funcionar, si alguna vez lo hicieron, como evidencian los múltiples colapsos socioecológicos de la Ciénaga Grande de Santa Marta (visitada esa misma semana por la Comisión Ramsar) o del complejo lagunar de Fúquene-Cucunubá-Palacios, por solo mencionar los más sintomáticos.

La Uicn también expone en cada congreso una gobernanza institucional compleja, donde miles de actores de todo tipo (que aportan cuotas anuales proporcionales a su economía) controvierten acerca de las mejores medidas que deberían adoptar los gobiernos, la academia o la sociedad civil para preservar la vida del planeta. Más allá, no puede estirar el brazo: pese a sus grandes logros, es una organización que depende de la filantropía y funciona como una democracia representativa que demuestra por sí misma la complejidad requerida por las instituciones para acercarse a un modelo global de gobernanza ambiental.