Analistas

El recurso humano y la transformación

Pasamos de ser un país que muchos consideraban inviable a principios de la década pasada a ser un país que está de moda, somos parte de los Civets, recuperamos el grado de inversión, TLC con EE.UU., Canadá y Suiza, y hasta estrellas de cine y cantantes de talla mundial! Soy optimista, pero el camino no va a estar exento de dificultades, hay que tener cuidado con lo que Allan Greenspan llamó la exuberancia irracional.

 
La transición que vamos a vivir durante la próxima década hacia un país de ingresos medios, con mayores niveles de apertura e integración hacia el mundo, elevados niveles de competencia, así como menores tasas de desempleo, va a acelerar dramáticamente los cambios en al menos estas tres dimensiones de las relaciones laborales, que aún no todo el empresariado dimensiona.
 
Primero, el recurso humano es una inversión y no gasto. No se trata de cuánto pago sino qué obtengo a cambio, que deje de primar la cantidad sobre la calidad y que las empresas definan bien sus posiciones y competencias críticas para su realidad particular. Las empresas deben contratar resultados y no labores, tareas o procesos, la excelencia no se mide solo en cumplir el horario, ser buena persona y seguir las normas, pero ¿con qué finalidad?
 
Segundo, la relación entre empleado y empresa. Todavía hay quienes piensan que hoy los empleados deben ser agradecidos con las empresas por el solo hecho de tener trabajo. En un entorno de poca movilidad y alto desempleo era comprensible, pero cada día se abren más posibilidades, la gente joven busca más de la vida que el solo trabajo y el concepto de lealtad ya no es hacia la empresa sino hacia la persona misma. Para los que piensan que hoy día es difícil atraer talento, no se imaginan cómo se va a complicar el tema.
 
Tercero, el trabajo como un valor. Hemos sido educados en la importancia del estudio y del trabajo, y como país y sociedad es algo que debemos mantener y seguir inculcando a las próximas generaciones. Sin embargo, en una sociedad que será más afluente aumentará el consumismo, se harán más notorias las diferencias entre quienes tienen y no tienen y cambiarán las aspiraciones y motivaciones de las nuevas generaciones. Será un reto que entre todos deberemos resolver, y no sé cómo, para que cultivemos un espíritu emprendedor y no nos pase como en algunas naciones europeas donde los jóvenes no quieren trabajar y esperan que el estado les resuelva todo.
 
Lo anterior nos obliga como empresarios y gerentes a evolucionar de manera proactiva y no esperar a que la realidad nos atropelle, ya que es nuestro compromiso con el país desarrollar empresas competitivas que sean fuente de riqueza para todos los colombianos.