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Analistas 18/12/2021

Declive irreversible

Axel Kaiser
Director ejecutivo Fundación para el Progreso

Gane quien gane este domingo, el proceso de deterioro económico e institucional chileno continuará. La razón es que al menos la mitad de la clase política, y un sector considerable del electorado y clase dirigente, se encuentran en una decidida senda de desmantelamiento de lo que el país ha logrado construir en las últimas décadas.

Es razonable suponer que habrá una moderación y que esto se reflejó en el último debate presidencial en que la Concertación fue reivindicada. Pero la Concertación, como la social democracia moderna, fue una heredera del triunfo de la racionalidad liberal de fuerzas intelectuales como la escuela de Chicago frente al ideologismo desatado de la izquierda, que se vio derrumbada con la caída del muro de Berlín y la inviabilidad de sistemas benefactores omnipotentes.

En el caso chileno, la Concertación recibió armado un sistema al que solo hizo ajustes y sin el cual jamás habría tenido el éxito que tuvo. Tal vez es por eso que la centroizquierda no puede defender su legado, pues en última instancia, sabe que no es suyo. Como consecuencia, se acompleja frente a la izquierda delirante, la misma a la que alguna vez perteneció, y se suma, salvo excepciones, al anticapitalismo que ha caracterizado a la izquierda chilena -incluida la DC- a través de toda la historia del país.

Por eso, aunque en términos de reformas es bastante claro lo que Chile necesita, no existe ninguna posibilidad de que Gabriel Boric avance en esa dirección. Sumemos un escenario internacional mucho más complejo, que podría incluso presentar una crisis devastadora en China, y el futuro es aun más oscuro.

Nada de esto significa, por supuesto, que da lo mismo quién gana el domingo. Si gana Boric, el poco orden público y seguridad que van quedando tenderán a desaparecer, el Estado como botín de los partidos políticos y amigotes seguirá su derrotero parasítico, y la economía no tendrá ninguna opción de recuperarse razonablemente. Además, existe el peligro de que, junto a la Convención Constitucional dominada por la izquierda radical, intenten eternizarse en el poder como lo han hecho en todas partes en que se les ha presentado la oportunidad.

Si gana Kast, habrá al menos un esfuerzo desde el gobierno por combatir la delincuencia y el terrorismo, y por aplicar políticas económicas que, aunque no modifiquen lo suficiente nuestra tendencia de deterioro, sean pragmáticas y sensatas. De paso, y aunque la Convención intente acortar su período, el riesgo para nuestra democracia será menor.

Pero además habrá un efecto muy positivo desde el punto de vista psicológico para la izquierda que domina los medios, la academia, el mundo cultural y otros: su fobia anti todo lo que representa Kast y sus profecías del apocalipsis se mostrará como la histeria frívola y posera que es.

Sin duda habrá una guerra sin cuartel en contra de todo lo que haga Kast, esté bien o no, por el simple hecho de que la condición mental de la izquierda le impide cualquier análisis medianamente imparcial y objetivo. Pero al ver que nada grave ocurre, que las minorías pueden perfectamente seguir adelante con sus vidas, que no se construye el cuarto Reich en el país y que se respeta la prensa libre, etcétera, la población terminará de ver las cosas por lo que realmente son. Y eso, es de imaginar, la obligará a moderarse aún más.