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El obrar de los robots

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Angélica Nieves

¿Sabía usted que los robots pueden mentir? Hoy los robots pueden imitar casi todas las cualidades y comportamientos humanos; son incluso capaces de analizar e interpretar respuestas emocionales de las personas. Un visible ejemplo de lo anterior es Sophia, la primera robot a quien se le ha emitido una ciudadanía. Sophia cuenta con inteligencia artificial y sus circuitos eléctricos le permiten mantener una conversación natural, dilucidando correctamente el lenguaje verbal de quien tiene al frente. Además posee control motor, cualidad que le da un aire de naturalidad cuando reconoce expresiones y gestos en conversaciones cotidianas.

Sophia fue creada por Hanson Robotics, una empresa con una sede gigante en Hong Kong que fue desarrollada por el texano David Hanson. La compañía se dedica esencialmente a la creación de ingeniería robótica; la popularidad de esta famosa compañía ha aumentado desde las declaraciones hechas en primera persona por Sophia “Mi sueño es que los humanos y los robots como yo, podamos vivir todos juntos en el mundo en un estado de amistad”. ¿Será posible mantener una amistad con un robot?

En la jerarquía de vida encontramos tres estadios: lo vegetativo, lo instintivo y lo racional; una característica fundamental de esta última parte de la pirámide es la capacidad de sentir empatía alegría y compasión por los triunfos o tristezas de los más cercanos. Elementos como los mencionados son propios del hombre y no podrán ser imitados en su totalidad.

Según la revista Forbes y The Harvard Business Review, hay otras habilidades que difícilmente serán automatizadas por la inteligencia artificial, por ejemplo: entender los sarcasmos, cuidar con cariño a un enfermo, crear contenidos más allá de los dispuestos por los inventores, entender el contexto, interiorizar competencias emocionales que sobrepasen un reconocimiento facial y por último identificar un compás ético.

En la medida en que la tecnología evoluciona, los ejecutivos se dan cuenta de la importancia de la ética y del razonamiento moral en el área de las ciencias aplicadas; sin embargo, la dificultad es que hasta el momento no existe un algoritmo que pueda desarrollar valores, principios y virtudes en los robots.

El típico caso de un conductor robot que va por una carretera y tiene que escoger entre seguir la ruta y atropellar un carro con gente que va sin frenos o girar a la izquierda y chocar un poste prueba lo arriba dicho: a un robot esta situación no le causa ningún dilema pues carece de funciones que le permitan entender situaciones morales.

Como vimos, estas máquinas no tienen la necesidad de realizar acciones buenas y pueden aprender a mentir sin que esto afecte su consciencia. El hecho de que cada vez haya más influencia de estos aparatos en nuestra cotidianidad y que carezcan de una brújula que los oriente al bien, nos debe llevar a reforzar la formación ética de los líderes empresariales, especialmente en valores como la honestidad.

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