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Analistas 07/12/2021

Hay que pensar en grande

Andrés Uribe
Gerente de la Iata

En 2019, la aviación comercial en Colombia movió 46 millones de pasajeros, significando un aporte a la economía de US$10.500 millones y 665.000 empleos entre directos, indirectos e inducidos. Números muy considerables, pero con un potencial de crecimiento mayor. Antes de la pandemia, las proyecciones de la Aerocivil indicaban que en 2030 en el país se moverían 100 millones de pasajeros, cifra que seguramente nos demoraremos algunos años más en alcanzar, pero para lograrlo se requerirá de la actuación decidida del Estado para capitalizar los beneficios que traerá una aviación activa y competitiva.

En Colombia, la columna vertebral de este sector es el aeropuerto de Bogotá, el cual en 2019 estaba ya experimentando limitaciones de capacidad, injustificables, dada la gran inversión realizada en ElDorado, que, con dos pistas, una terminal galardonada en varias ocasiones como la mejor de Latinoamérica y un equipamiento aeronáutico, que envidian muchos aeropuertos del mundo, podría dar para mayor capacidad operacional. Pero este es tema para otro artículo.

ElDorado, al igual que los demás aeropuertos del país, debe continuar su proceso de expansión para llegar a la meta de 100 millones de pasajeros de acuerdo con lo anunciado en el plan 2030 de la Aerocivil. Su desarrollo futuro está plasmado en dos análisis: el Plan Maestro y el Estudio del Espacio Aéreo para Bogotá. Estos son la base sobre la cual el Estado tomará la decisión más importante en la historia de la aviación en Colombia, que determinará el potencial del país para convertirse en un hub continental o, por el contrario, cederá esta aspiración a otros centros de conexiones de la región. Hay mucho en juego.

Sin embargo, ambos estudios fueron realizados sobre premisas desconcertantes para la industria aérea. La primera consistente en dejar la aviación militar en el mismo lugar donde actualmente se encuentra y la segunda, no considerar la posibilidad de una tercera pista. Esto impide el desarrollo del aeropuerto hasta su máximo potencial y son resultado de una fuerte presión política conducente al afán de construir una nueva terminal en el mediano plazo.

Entendemos la necesidad de un aeropuerto nuevo donde se pueda trasladar la aviación militar, general y parte de la aviación de Estado, pero no para la aviación comercial. Un sistema de dos aeropuertos para operaciones comerciales regulares de pasajeros y carga, aparte de incrementar costos, generaría inconvenientes logísticos en tierra y aire que ralentizarían el desarrollo de la aviación, dejándole servida en bandeja de plata a nuestros competidores, Panamá y Lima, la oportunidad para consolidarse y capitalizar la falta de visión del Estado colombiano y con eso decenas de miles de empleos y miles de millones de dólares en PIB potencial. Afortunadamente, la Aerocivil nos ha dejado un plan 2030 y los estudios mencionados como base para planificar, y en grande.

Sí Colombia pretende tener un hub continental en Bogotá, todo debe estar pensado en función de la competitividad, basado en: buena infraestructura con potencial de expansión, tiempos de conexión cortos, costos bajos y regulación adecuada para atraer nuevas aerolíneas y estimular al crecimiento de las que ya operan, tamaño del mercado local y ubicación geográfica conveniente.

La posición geográfica privilegiada y el tamaño del mercado colombiano siguen siendo un enorme activo sobre el cual apalancar una industria con un potencial enorme de generación de empleo calificado y bienestar económico y social para la comunidad. Las decisiones que se tomen respecto a infraestructura, costos y regulación, determinarán que tanto de estos beneficios lograremos materializar. Hay que pensar en grande.