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Analistas 04/04/2024

Patriotismo

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Viendo el documental sobre la bomba atómica y la guerra fría en Netflix, no puede uno sino admirar el patriotismo y el valor de los jóvenes de esa época, que evitaron que personajes como Hitler o Stalin se tomaran el mundo e impusieran su forma totalitarista e imperialista de gobernar. Igualmente, reconocer lo difícil que es para cualquier líder tomar cierto tipo de decisiones en momentos críticos, como fue para Truman arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, sacrificando muchas vidas inocentes.

Como en todo capitulo en la historia, hay opiniones encontradas. Aquellos que consideran que no era necesario arrojar la bomba atómica, y otros que consideran que la bomba puso fin a la Segunda Guerra Mundial y frenó las ambiciones imperialistas de Stalin en Asia.

Haciendo un paralelismo con el conflicto armado en Colombia y la amenaza que ha representado el narcotráfico en los últimos 40 años, fueron la sociedad y la clase empresarial colombiana, quienes evitaron que nos convirtiéramos en un narcoestado. Pero, ante todo, fue el expresidente Uribe quien estuvo dispuesto a tomar decisiones difíciles para recuperar la seguridad y el control del país. El bombardeo de Angostura en Ecuador, la Operación Jaque o la extradición de los jefes paramilitares por mencionar algunas, son ejemplos de decisiones difíciles que le devolvieron la esperanza a Colombia.

Desafortunadamente, Santos -al igual que Chamberlain con Hitler-, optó por una postura pacifista que ha permitido que narcos y la delincuencia organizada recuperen el control territorial que habían perdido y hoy, cogobiernen el país. Prefirieron acabar con la política que había dado resultados, y a cambio entregar la cabeza del expresidente Uribe a la JEP y traer a Mancuso para hacerle un juicio político para redondear la faena.

La gran diferencia entre el mundo de hoy y el de antes, es que nuestros jóvenes y líderes políticos ya no están dispuestos a morir en el frente de batalla o a tomar decisiones morales difíciles para defender sus ideales. Esta falta de patriotismo es lo que ha llevado a que muchos prefiramos marcharnos del país, quedarnos callados o adaptarnos a esta nueva realidad, en vez de enfundar un arma e ir al frente de batalla para defender nuestra sufrida patria. En el pasado, una generación se sacrificó con heroísmo para construir la sociedad que heredamos. Hoy, niños y jóvenes están destinados a ser idiotas útiles para el negocio siniestro de la ilegalidad y del caos.

Mientras tanto, los delincuentes y los terroristas -al igual que Hitler- se pasan los acuerdos por la faja y están dispuestos a reclutar niños, lavarles el cerebro y utilizarlos como carne de cañón. Lo que nuestros dirigentes no han entendido que sacrificio en la guerra es inevitable y que la única manera de alcanzar la paz, es con la determinación de utilizar la fuerza de manera oportuna cuando es necesario.

Ahora con la noticia de la demanda de nulidad al decreto que hacía posible fumigar cultivos ilegales con glifosato, Gustavo Petro evidencia su apoyo, no a las mafias imaginarias que él dice combatir, sino a las de verdad, con lo cual llegaremos pronto a 350.000 hectáreas de coca. Y mientras nuestro flamante presidente activista se esmera en destruir la Constitución y acabar con los cafeteros, nuestra juventud ira migrando del patriotismo al petro-cinismo.

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