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Analistas 18/11/2021

Diciembre con su alegría

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

La semana pasada en la Asamblea de Asobancaria hablaron los principales economistas del país, los miembros del equipo económico del Gobierno, algunos presidentes de entidades financieras y la gran mayoría de candidatos presidenciales, -y queda claro la desconexión que existe entra la clase dirigente y gran parte de la gente en la calle-. Mientras el gobierno y los empresarios ven la recuperación de la economía de manera positiva, se dan palmaditas en la espalda por el buen manejo de la economía en la pospandemia y alardean de haber alcanzado un crecimiento del PIB cercano a 18% por dos trimestres consecutivos, a pocas cuadras del centro de convenciones, la mayoría sigue viviendo en condiciones de pobreza extrema o en la informalidad.

La realidad es que si el empleado del común, el que trabaja en las fábricas, en los puertos, en logística, en transporte, en las áreas administrativas y financieras, en ventas, -y en especial aquellos de los estratos mas bajos que viven en la informalidad- no ven dinero en sus bolsillos para diciembre de este año, todo ese esfuerzo será en vano.

Soy enemigo del populismo económico, pero tenemos que ser conscientes del termómetro político y social que vive el país, y entender que es ahora o nunca. Para la mayoría de la gente, tener un trabajo digno ya no es un aliciente, y los indicadores económicos los tienen sin cuidado.

Al empleado raso -al igual que gran parte de la clase media- le sirvió la pandemia para replantear sus prioridades y entender que su salud y el tiempo en familia es más importante. Por eso la dificultad de muchas empresas en lograr que los empleados regresen a sus puestos de trabajo, retener su fuerza laboral o llenar sus vacantes.

Mientras el gobierno y gran parte de los candidatos hablan de competitividad, de fomentar el gasto público o de la importancia de la transformación energética del país para salvar el planeta, la gente en la calle está preocupada en cómo ganar más dinero. Les preocupa poder traer comida a la mesa, pagar el arriendo y el colegio de sus hijos, el valor del pasaje de bus o el plan de minutos del celular. Superadas las necesidades básicas, quieren dinero para reemplazar la nevera que se les dañó durante la pandemia; comprar el computador o tablet que le permita a sus hijos hacer las tareas y descargar las aplicaciones educativas que ahora exigen los colegios; mejorar el plan de internet para poder conectar a toda la familia al mismo tiempo y llegar a diciembre con algo en el bolsillo, para poder comprar regalos de Navidad; hacer un viaje a tierra caliente o a visitar a la familia, que con tanto anhelo han esperado.

No podemos pensar como tecnócratas o esperar las asambleas de marzo para decretar utilidades, y empezar a ofrecer aumentos salariales y bonos. Olvidémonos de la ortodoxia económica, de reformas tributarias o de la carga fiscal, y metámonos la mano al dril. Entreguemos bonificaciones por voluntad propia a aquellos empleados que hicieron sacrificios durante la pandemia y ahora son el motor de la recuperación económica.

Hagamos que el dinero fluya a la clase trabajadora y desactivemos la retórica de lucha de clases, que buscará vender la idea que, mientras los ricos son cada vez más ricos, el pueblo es cada vez más pobre. Que llegue diciembre con su alegría.