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Mucho se habla del impacto que va a tener la inteligencia artificial en nuestras vidas, tanto a nivel personal como profesional.
Creo que eso no se discute. Desde Jeff Bezos hasta líderes como Elon Musk, han salido a la luz pública a vaticinar el efecto profundo que esta tecnología tendrá sobre la economía y sobre la vida de las personas.
El mismo emprendedor e inversor legendario de Silicon Valley, Marc Andreessen, dijo hace unas semanas en un podcast que la inteligencia artificial es un movimiento tecnológico del mismo impacto que la máquina de vapor o el microprocesador, y que incluso tendrá más impacto que el propio internet.
Pero creo que hay algo de lo que todavía se habla poco: el impacto que ya están teniendo -y que tendrán- los agentes de inteligencia artificial.
A veces, cuando hablamos de inteligencia artificial, nos quedamos absorbidos en los modelos de lenguaje (LLM) y en el “buscador” de ChatGPT o Claude, y no vemos lo que ocurre por detrás: el verdadero poder del agente.
Un agente de inteligencia artificial se puede definir como un sistema autónomo capaz de tomar decisiones, ejecutar acciones y perseguir objetivos específicos sin intervención humana constante. No responde solamente preguntas: actúa.
Y lo que quiero resaltar en este artículo es que el agente es, tal vez, el capítulo o componente más importante de la inteligencia artificial para el día a día de nuestras vidas.
A nivel profesional y cotidiano, ya estamos viendo cómo en el comercio electrónico los agentes están reemplazando tareas que antes recaían completamente en las personas. Comprar un tiquete de avión, reservar un hotel o adquirir un producto online implicaba entrar a múltiples páginas web, comparar opciones, cotizar precios, llenar formularios y completar pagos.
Hoy, ese trabajo lo puede hacer un agente.
Empresas como Visa, Stripe y plataformas como Google -a través de Gemini- están desarrollando agentes que permiten expresar una intención de compra del mismo modo en que hoy formulamos una pregunta, y delegar todo el proceso en el sistema.
Puede que con este ejemplo no se dimensione de inmediato el impacto, pero basta mirar el tamaño del mercado: solo en Estados Unidos, el comercio electrónico supera US$1,2 trillones, cerca de cuatro veces el PIB de Colombia. A nivel global, datos de la industria muestran que el uso de asistentes inteligentes y agentes conversacionales ya genera más de US$112.000 millones en ventas minoristas, gracias a atención 24/7 y personalización a escala.
En servicios financieros, el impacto puede ser aún más profundo.
Los agentes no solo nos ahorran tiempo; también reducen errores en decisiones que pueden costar millones. ¿Recuerda la última vez que pidió un crédito o compró un seguro? ¿Tiene plena certeza de que eligió la mejor opción? ¿O que no dejó dinero sobre la mesa por no haber comparado más alternativas?
Hoy, Tpaga, una fintech colombiana, está desarrollando agentes de inteligencia artificial que permiten a bancos, fintechs y telcos ofrecer este tipo de experiencias a sus usuarios. Imagínese poder decir: “consígame un crédito educativo por $20 millones” y que un agente consulte más de 25 entidades financieras para traerle la mejor tasa disponible. O hacer lo mismo para cotizar un seguro.
La revolución de los agentes de inteligencia artificial en servicios financieros plantea un escenario de ganancia doble. Mientras las instituciones financieras se preparan para capturar hasta US$2 billones en beneficios adicionales hacia 2028, según estimaciones de Citigroup y McKinsey, el usuario final vivirá su propia liberación económica.
Al delegar la burocracia financiera en asistentes autónomos, el consumidor promedio no solo recuperará cerca de 50 horas al año, sino que también podrá ahorrar hasta US$1.200 anuales gracias a la optimización automática de cuentas, tasas y servicios. En la práctica, los agentes democratizan una gestión patrimonial que históricamente estuvo reservada para personas de alto patrimonio.
Pero si llevamos esto a una escala aún mayor, más allá del día a día de las personas, la industria donde los agentes de inteligencia artificial pueden tener el mayor impacto es la medicina. Porque aquí no hablamos solo de eficiencia o ahorro de tiempo, sino literalmente de la vida de las personas.
En salud, los agentes de inteligencia artificial ya están ayudando a investigadores a reducir los tiempos de ensayos clínicos de nuevos medicamentos en cerca de 30%. De la misma manera, están apoyando el diagnóstico médico y el análisis de imágenes clínicas, mejorando resultados de tratamiento en hasta 40%. Imagínese el impacto de permitir que médicos y hospitales tomen mejores decisiones apoyados por agentes autónomos.
Lo interesante del uso de agentes es que estamos apenas en el comienzo. Honestamente, no sabemos hasta dónde llegará esta tecnología, pero es razonable pensar que en menos de cinco años la forma en que interactuamos con compras, servicios cotidianos y nuestro trabajo -en cualquier industria- cambiará por completo. Pedir un taxi, hacer mercado o reservar una cita dejarán de ser procesos manuales.
Desde mi experiencia usando agentes en servicios financieros, puedo decir que ese sector nunca volverá a ser igual.
Los agentes no son toda la inteligencia artificial, pero sí una de las capas de mayor valor práctico y transformador. No son el futuro lejano: son el inicio de una revolución que ya está en marcha.
Si es este el amor que le tienen a Colombia, está siendo superado, con todo respeto, por la ambición del poder. Estamos asistiendo a una agria “fiesta” de la democracia que terminará en años de jaquecas