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Analistas 06/06/2023

La adicción al Estado

Andrés Felipe Londoño
Asesor en transformación digital legal de servicios financieros

Una peligrosa adicción recorre el planeta: la adicción al Estado. Mientras el lucrativo mercado mundial de drogas ilícitas tiene un tamaño aproximado de US$320.000 millones y 284 millones de consumidores, la adicción más fuerte de nuestros tiempos tiene unas proporciones mucho mayores.

Según el Banco Mundial, el gasto público mundial (específicamente, el denominado gasto de consumo final del gobierno general), que afecta a toda la humanidad, superó los US$16 billones corrientes, que es 50 veces el tamaño del mercado de la droga ilícita. Por su parte, la deuda pública mundial ronda 96% del producto anual mundial, equivalente a unos US$92 billones corrientes; es decir, 288 veces el tamaño del mercado del narcotráfico.

La adicción al Estado no es nueva. Luego de un siglo XIX marcado por una disminución generalizada del nivel de endeudamiento público, el siglo XX estuvo caracterizado por fuertes fluctuaciones en el gasto y el endeudamiento de los Estados. Luego de un mínimo histórico de alrededor de 20% en la relación deuda/producto en 1913, el mundo enfrentó una explosión de deuda durante las dos guerras mundiales que alcanzó a ser de 140% del producto del G-20 que se fue reduciendo hasta la década de 1980. A partir de 1985, la deuda pública mundial se ha duplicado con relación al tamaño de la economía mundial.

¿Por qué debería preocuparnos la adicción al Estado? La principal amenaza es que esta trae consigo más burocracia, ineficiencia, corrupción y arbitrariedad, las cuales generan menos crecimiento, más pobreza y mayor restricción de las libertades individuales.

El indetenible crecimiento del Estado viene impulsado por tres fuerzas. La primera es la inercia. De un lado, grupos de interés que se benefician de rentas o regulaciones específicas trabajan duro para mantenerlas o expandirlas, mientras los contribuyentes poco tiempo y energía tienen para luchar por su eliminación. De otro lado, los burócratas buscan permanentemente justificar su existencia ampliando regulaciones o justificando intervenciones por el “bienestar general”.

La segunda, es que los precios de los bienes y servicios provistos por el Estado crecen a mayor velocidad que el recaudo, debido a su intensidad en mano de obra y productividad estancada.

Y la tercera, es la creciente presión social hacia el Estado por “hacer algo”. La supuesta era neoliberal sólo está en la cabeza de quienes necesitan un enemigo para justificar los atropellos de su ideología. La evidencia demuestra que desde el siglo pasado los roles del Estado sólo han crecido.

Tarde que temprano los efectos de la adicción al Estado llegarán. Una nueva resaca de los excesos del intervencionismo estatal debe dar paso a una verdadera era de mayor foco del rol del Estado. Tareas como el restablecimiento del orden público, la simplificación de la regulación, la promoción de la competencia, el diseño consciente del recaudo tributario y el aseguramiento de bienes públicos esenciales para el desarrollo deberán marcar la agenda de rehabilitación de la adicción al Estado.

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