Analistas

¡Dios es santo!

En la coyuntura que vive el país de tanto desgaste político y económico, hay que reconocer que fuimos capaces de perseverar y sacarle la mejor jugada posible a una de las semanas más milagrosas que hemos vivido como colombianos. No solo ganó la democracia justa e injustamente, sino que se logro por medio de acciones constitucionales volver a creer en un proceso de paz, que lleva más años en el tintero de lo que yo puedo recordar.  Esto que vivimos de cerca y con abundancia de logro merece ser reconocido por la comunidad internacional.  

En cierta manera, tuvimos un espectáculo apocalíptico sin proporción a su resultado final.  Con solo mencionar a algunos de sus más profundos colaboradores pertenecientes a la clase dirigente y aquellos distinguidos invitados que visitaron nuestro país, tenemos suficientes memorias colectivas para contarle a nuestros hijos del momento heroico que significo y que vivimos desde nuestra ciudad de la paz Cartagena de Indias. No hubo momento más emocionante en las redes sociales que cuando el señor “Timochenko” le dijo a su pueblo, que pedía perdón. Claro esta, que después de años de negociaciones a puerta cerrada en La Habana y en un proceso marcado por la iniquidad y fundamentalmente derroche de propaganda, a las Farc-EP les falto la pedagogía que podría haber convencido a los colombianos de bien, de hechos verdaderos que estaban dispuestos a construir sobre la marcha para reparar a las víctimas del conflicto armado por excelencia. En su momento, esto fue uno de los puntos más inciertos que con creces debió ser profundizado por los negociadores y los medios.

Después de que nos cayó la gota fría, hubo un momento de reafirmación por parte de aquellos que o bien votaron por el Sí convencidos y otros que con total legitimidad estaban confundidos. Dispuestos a darlo todo por la Paz, hubo varios actos de profunda humildad. Claro esta que sin un precedente como el del Brexit, hubiéramos caído en la trampa de pensar que esto solo ocurre en Colombia. Hay momentos que merecen ser evaluados por su compresión histórica y no solo por el resultado. No hubo certeza durante la semana, solo que ganamos como selección y como nación unidad.  

Después vino muy temprano la noticia desde Oslo, gran capital y país garante del proceso en Cuba que con su sincera voluntad de apoyar nos regalo un segundo Nobel a los colombianos.  Era de esperarse que esta noticia nos uniera de nuevo, porque de lo contrario hubiéramos padecido entre nosotros. Ahora, ¿qué sigue para Colombia? Es muy incierto, sin duda tenemos que unirnos pero además, mantener un foco y dar de manera cabal los pasos necesarios para recuperar nuestra economía y proceso de paz.