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Cuando la sostenibilidad de la democracia en Colombia se encuentra sistemáticamente asediada, acosada y amenazada por parte de quienes ejercen funciones gubernamentales a nivel nacional, los protagonistas civiles y comunitarios de la vida social y económica han de estar en estado de alerta, salir de las zonas de confort y convertirse en guardianes de las instituciones republicanas.
Para avanzar hacia más y mejor democracia es menester tener más y mejores empresas y empresarios, más y mejores trabajos y trabajadores.
Los empresarios y los trabajadores, las empresas y sus organizaciones gremiales así como los trabajadores y sus organizaciones sindicales, son protagonistas sociales y económicos de primer orden a la hora de cuidar el devenir democrático.
En democracia, la autonomía de los gremios y de los sindicatos es un principio irrenunciable; sus líderes y voceros están llamados a ejercer esa autonomía en perspectiva de responsabilidad social y mantenerse firmes ante cualquier intromisión o instrumentalización por parte de agentes gubernamentales y estatales.
Las fórmulas populistas predican falsos antagonismos en la relación entre empresarios y trabajadores.
La complejidad natural de estas relaciones no es patente de corso para convertirlas en relaciones complicadas, fragmentadas y destructivas.
Los diálogos entre empresarios y trabajadores en pos del bien y del sentido común, han de ser simples y francos; no deben reducirse a simplificaciones y sectarismos ideológicos.
La democracia exige el diálogo edificante entre ideas contrastadas, no la vocinglería corrosiva de ideologías alebrestadas.
La sostenibilidad económica, social, ambiental, digital, energética y alimentaria, necesita las luces de empresarios que trabajan y de trabajadores que emprenden.
Ambos protagonistas pueden ayudar a evitar que distintos factores de producción ( capital, tierra, trabajo, tecnología y conocimiento e información) se reduzcan a prácticas especulativas y rentísticas que deshonren su real potencial para generar verdadera riqueza económica y capital social.
Los empresarios y trabajadores están llamados a imprimir vocación popular a la democracia para evitar que ésta caiga en las garras del populismo destructor y corrosivo.
No es casual que, cada vez que el Gobierno necesita un antagonista, mire hacia Medellín y Antioquia
A escala global, la magnitud de la crisis fue aún más dramática. El número de contagios superó los 600 millones de casos y se estima que cerca de 15 millones de personas perdieron la vida como consecuencia de la pandemia
Lo que el quienes votan por el centro parecen no entender es que, en un país polarizado, la inacción no es neutralidad: es complicidad