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Analistas 19/03/2022

¿Para qué sirve tener hermanos?

Alfonso Aza Jácome
Profesor de Inalde Business School

En 1979 introdujeron en China la política del hijo único con el objetivo de establecer un radical control de la natalidad para reducir el crecimiento de la población. Se calcula que esa política impidió la llegada de 400 millones de niños. Sin embargo, una de las consecuencias de la que no se habla mucho es que toda una generación de cientos de millones de personas quedó privada de tener hermanos. Nadie sabe a ciencia cierta las implicaciones de ese experimento de “ingeniería social”.

Preguntarse para qué sirven los hermanos parece una perogrullada. Los hermanos aparecen en la vida de otras personas de manera imprevista. Llegan sin avisar cuando se trata de hermanos menores; o ya estaban ahí con anterioridad, si se trata de hermanos mayores. No fueron escogidos, ni pedidos y tampoco tenemos control sobre ellos.

Tener hermanos es una relación de doble vía, en la que se experimentan toda clase de emociones y sentimientos, algunos positivos y otros no tanto. En cualquier caso, los hermanos cumplen un papel importante en el desarrollo de las personas. Nos hacen evidente desde la más tierna infancia que no somos el centro de atención y que hay otras personas a nuestro alrededor. El que tiene hermanos pasa por la experiencia inicial de socialización básica que le permite adquirir habilidades y lidiar con la gente. Los hermanos son la mejor escuela emocional donde se aprenden las cosas más valiosas para la vida.

El primer aprendizaje es compartir. Tener hermanos es una gran lección de desapego, se aprende a ser generosos con todo: los juguetes, la habitación o hasta el cepillo de dientes. ¿Quién no ha heredado de un hermano mayor alguna prenda?

Un segundo aprendizaje es la sana competencia: al competir con los hermanos por múltiples “recursos” se aprende a lidiar con la envidia y los celos, y también se desarrollan destrezas para conseguir el respeto de los otros. Otro aprendizaje es el trabajo en equipo: los hermanos, aun cuando en ocasiones peleen, también organizan coaliciones temporales para conseguir un objetivo y llevan a cabo estrategias colaborativas que requieren de la comunicación activa y la cooperación. Además, cuando los hermanos se alían entre sí, aprenden a guardar secretos, a contarse cosas, a generar lazos de confianza y complicidad que les servirán más adelante. Los hermanos son también un ejemplo, especialmente en el caso de los menores, que aprenden muchas cosas por imitación. Cada uno con su personalidad, sus habilidades y talentos siempre tendrá algo que enseñar a los demás.

Aunque los hermanos pelean y lo convierten casi en un deporte, tarde o temprano tienen que generar estrategias de conciliación y aprenden pronto a resolver los conflictos que se generan en la cotidianidad del día a día. Por eso, con facilidad se ponen de acuerdo para compartir la computadora, el baño o la comida. Es decir, desarrollan la capacidad de negociación que les permite aprender a ceder, pues negociar así lo exige, y les enseña a ser más generosos, a posponer las propias necesidades e, incluso, a ser más empáticos poniéndose en el lugar del otro y comprendiendo lo que necesita.

Pero esos aprendizajes no son todo lo que nos aportan los hermanos. Precisamente, gracias a ellos, aparecen en las familias los tíos, los primos y hasta los cuñados… ¿Se imaginan cómo habría sido su vida sin todas esas personas?

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