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Analistas 30/03/2021

Miami es a Cuba lo que Bogotá a Venezuela

Alfonso Aza Jácome
Profesor de Inalde Business School

El título de la columna de hoy no es el eslogan de una agencia de viajes, pero puede entenderse como dos “viajes en el tiempo”.

El primero de esos viajes comienza en 1959. Con el triunfo de la Revolución Cubana, se desencadenó un flujo migratorio desde Cuba hacia Estados Unidos y más de 300.000 cubanos se radicaron en la Florida, especialmente en Miami. Paradójicamente, todos los que salieron huyendo sin papeles y sin visas, fueron de inmediato admitidos en territorio norteamericano. Los primeros en salir fueron los más adinerados, aunque rápidamente comenzaron a migrar también miembros de la clase media afectados por la política del régimen comunista y, por último, el éxodo prosiguió con las personas de menos recursos.

Desde el primer momento, Estados Unidos asumió una posición hostil hacia el nuevo régimen cubano. Tal vez, por ese motivo, dio refugio a cuantas personas salieron de la isla. Además, se organizaron programas especiales de ayuda sólo para cubanos, lo que se convirtió en un importante incentivo para atraer a la fuerza de trabajo más calificada de ese país. El 2 de noviembre del año 1966, el presidente Johnson firmó una ley para “ajustar” el estatus de los refugiados cubanos a la de residentes permanentes legales de Estados Unidos. Bajo esta ley, que tiene precisamente ese nombre y que aún se mantiene, los cubanos son los únicos inmigrantes que, sin importar la forma y la vía utilizada para llegar a Estados Unidos, pueden de forma inmediata y automática recibir un permiso de trabajo.

El impacto de esa política pública después de más de medio siglo muestra cómo el desarrollo económico de la Florida, y de Miami en particular, sería muy distinto sin la presencia de los migrantes cubanos y sus descendientes. Hoy Miami es, sin lugar a duda, la capital de América Latina y le saca provecho con creces a esa condición pues no sólo atrae a turistas, sino que también se han establecido muchos profesionales pudientes de todo el continente en busca de su particular “sueño americano”. Por eso, no es casualidad que Miami sea la ciudad con mejor calidad de vida de Estados Unidos.

El segundo de los viajes tiene lugar en la actualidad. Aunque es otra realidad diferente, Venezuela y Colombia repiten la historia de Cuba y Estados Unidos. Desde 2014, más de 1,7 millones de personas, sin contar los ciudadanos colombianos retornados, han huido de Venezuela hacia nuestro país. Los cálculos oficiales hablan de 300.000 venezolanos ubicados en Bogotá, los extraoficiales son muchos más. Por este motivo, enfrentamos desafíos sin precedentes en la integración de estos migrantes y repatriados. Pero la llegada de cientos de miles de personas, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, también se convierte en una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo para todos. Hace pocas semanas, el gobierno del presidente Duque aprobó el “Estatuto de Protección Temporal para migrantes venezolanos” que tendrá una vigencia de 10 años y que pretende acoger legalmente a quienes han llegado de la nación vecina huyendo del colapso. En realidad, esta decisión va más allá de buscar soluciones a una crisis humanitaria y es el comienzo de una importante transformación de la sociedad colombiana. Al final, conocer la historia es como mirar un espejo que sirve para entender el presente y presagiar el futuro.