Analistas 10/10/2020

Aprender a decir que no

No sé si les ha sucedido alguna vez que, al preguntar por alguna dirección en la calle, la persona a la que acudimos en busca de ayuda nos da una instrucción equivocada. Creo que no lo hacen intencionadamente, sino que les cuesta reconocer que no saben; o, no quieren hacernos sentir mal, y nos dirigen hacia cualquier lugar. Es lo mismo que sucede cuando alguien hace algo que, en realidad, no quiere por no atreverse a decir que no y afrontar una situación incómoda. A veces, puede resultar difícil negarse para evitar contristar a los demás, o incluso, por miedo a las consecuencias que pueda acarrear dejar de hacer algo que otros esperan.

En otras ocasiones, parece más fácil buscar una excusa en lugar de ser claro y decir lo que realmente se opina. En este caso, decir “no puedo” en lugar de decir “no quiero” nos presenta una salida más airosa y parecerá que la responsabilidad de la decisión no depende de nosotros y, por tanto, ocasionará menos problemas. No obstante, al poner una excusa, puede suceder que la otra persona reaccione de una manera imprevista o posponga su decisión esperando a que se resuelva ese inconveniente y, en ese caso, la próxima vez no habrá excusa posible.

No podemos olvidar que las razones que tenemos para negarnos a hacer algo son tan válidas y tan respetables como las de los demás. Aprender a comunicarse con las personas que nos rodean debería ser una prioridad. Expresar las ideas de una manera clara y concisa evita malentendidos, disgustos y desacuerdos. Con una conversación clara se asegura que las partes involucradas reciban exactamente lo que esperan.

Y esto es importante especialmente en los negocios y en el trabajo donde todos tenemos que lidiar con conflictos: imagina la cantidad de horas de trabajo perdido y los negocios fracasados por no decir las cosas con claridad desde el primer momento. De hecho, uno de los grandes dilemas de los directivos es saber decir que no a una propuesta tentadora, pero que no está alineada totalmente con su misión.

Una persona asertiva es aquella que afirma con certeza, conociendo sus propios derechos y respetando a los demás. La asertividad es una virtud que se encuentra en el punto equidistante entre dos extremos: de un lado la agresividad y del otro la pasividad. Alguien agresivo, intentará imponer sus ideas y sus preferencias, olvidando los derechos de los demás; mientras que una persona pasiva no expresa su opinión de manera clara y firme, y no puede dejar de ser complaciente.

La clave es perder el miedo y atreverse a hablar. Pero sobre todo, no sucumbir ante la ansiedad que pueda surgir en ese momento, tratando de quitarse rápidamente el problema de encima diciendo que sí, porque de esta manera solo se consigue diferir esa situación, sin resolverla. Además, saber decir que no tiene una serie de beneficios que pueden ser más relevantes que los riesgos de decir que sí: en primer lugar, evitamos sentirnos manipulados y caer en el resentimiento estéril hacia esas personas que parecen abusivas; en segundo lugar, mejora la autoestima y la confianza en nosotros mismos; en tercer lugar, evitamos problemas en los que no querríamos estar involucrados.

La persona plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma. Es la protagonista de su propia vida. Así que, actúa por tus propias convicciones, no por reacción a los demás. Aprende a decir que no.