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ANALISTAS 25/09/2026

Cuando una obra se convierte en un argumento

Alejandro Zambrano
Gerente general de Doppelmayr Colombia
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Hay momentos en los que una infraestructura deja de ser promesa y empieza a convertirse en evidencia. Durante años, los proyectos de movilidad se explican con estudios, diseños, cronogramas, cierres de obra y cifras de avance. Pero llega un punto en el que la ciudadanía ya no ve únicamente planos o estructuras, sino un sistema que empieza a moverse y a integrarse al paisaje cotidiano. Ese es el momento que vive hoy el TransMiCable de San Cristóbal.

Con las cabinas en pruebas, la obra en su etapa final y el operador ya adjudicado para los próximos años, San Cristóbal está entrando en una fase decisiva. La conversación deja de estar centrada solo en la construcción y empieza a girar alrededor del servicio que pronto recibirán los ciudadanos. Las cabinas que hoy se mueven en fase de prueba son, para miles de habitantes del suroriente de Bogotá, una señal concreta de que una nueva forma de conexión está cada vez más cerca.

Ese tránsito importa porque una ciudad no se transforma únicamente cuando termina una obra. Se transforma cuando esa obra empieza a cambiar rutinas. En el caso de San Cristóbal, el cable permitirá conectar el Portal 20 de Julio con La Victoria y Altamira, en una zona donde la topografía y la expansión urbana han hecho que muchos trayectos cotidianos sean largos, costosos y difíciles.

Pero San Cristóbal también tiene un valor que va más allá de su propio trazado. Cada proyecto que avanza reduce la distancia entre la idea y la evidencia. Ciudad Bolívar demostró que el transporte por cable puede integrarse al sistema público, transformar la vida cotidiana de comunidades históricamente aisladas y convertirse en una herramienta real de inclusión. San Cristóbal confirma que esa experiencia no fue un caso aislado, sino un modelo que puede seguir creciendo cuando existe planeación, coordinación institucional y voluntad de ejecución.

Ese es el verdadero efecto demostración de una obra bien concebida. Cuando un sistema de cable pasa de los estudios a las pruebas, y de las pruebas a la operación, se convierte en un argumento para que otras ciudades y regiones miren esta tecnología con más seriedad. Ya no se trata de imaginar lo que podría ocurrir, sino de observar lo que ocurre cuando una infraestructura se adapta a la geografía, complementa otros modos de transporte y responde a necesidades reales de conexión.

Por eso, el avance de San Cristóbal debería leerse también como una invitación de política pública. El país necesita pasar de proyectos aislados a una visión más amplia sobre el papel del transporte por cable en la movilidad urbana y regional. No todos los territorios necesitan un cable, y no todos los proyectos serán viables. Pero donde la demanda, la topografía, la integración y la financiación lo permitan, esta tecnología puede cerrar brechas que durante años han limitado el acceso de muchas comunidades a empleo, educación, servicios y oportunidades.

Al final, una obra se vuelve argumento cuando demuestra que puede cambiar la vida de las personas. San Cristóbal está cerca de hacerlo. Sus cabinas en movimiento no son solo una imagen atractiva ni una señal de avance técnico. Son la confirmación de que la movilidad por cable puede pasar de la promesa a la realidad, de la expectativa al servicio y de una solución puntual a una herramienta estratégica para conectar mejor a Bogotá y a Colombia.

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