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Analistas 12/05/2021

La tragedia de los comunes

Alejandro Vera Sandoval
Vicepresidente técnico de Asobancaria

No, no me refiero a ningún partido político. Hardin (1968) ilustra la “tragedia de los comunes” como una situación en la que los individuos actúan por su interés personal y terminan explotando más de la cuenta un recurso limitado común, generando un perjuicio colectivo.

Aunque este concepto viene más ligado a temas de medio ambiente, fue ganando relevancia en la teoría económica y la psicología. Por ejemplo, esto pareciera que es lo que hemos vivido en materia tributaria a lo largo de muchos años en Colombia. En este caso, los intereses individuales de muchos terminan generando un perjuicio tributario que hace que tengamos un desbalance fiscal estructural que nos afecta a todos y que urge ajustar. Veamos dos ejemplos arbitrarios.

El primero de ellos se refiere a las exenciones tributarias. La Comisión de Beneficios Tributarios estimó en casi 6% del PIB el total de exenciones en impuesto de renta e IVA, lo que lleva a reflexionar que la reducción de estos beneficios debería ser la primera fuente de recaudo en la que piense el Gobierno. La realidad es que cuando se anuncian reformas que incluyen dicha reducción o eliminación empiezan a aparecer todos los perjudicados oponiéndose a la reforma con argumentos variados que pasan por el interés nacional o la afectación al consumidor.

En este caso, el Ministerio de Hacienda debería tener muy claro un mecanismo que permita evaluar, con criterios conocidos por todos, el costo-beneficio de una exención para poder identificar si esta se encuentra detrás de un bien o servicio meritorio. De esta forma, encontraríamos que probablemente el potencial de recaudo no es del mencionado 6%, pero si de un nivel importante para elevar el pago impositivo.

El segundo ejemplo viene del impuesto de renta a personas. Todos repetidamente mencionamos que las personas de mayores ingresos deben ser las que más contribuyan con el recaudo. El problema surge cuando empezamos a ver quiénes son las personas de ingresos más altos del país. En el imaginario colectivo se tiene la idea de que aquellos que tienen patrimonios superiores al millón de dólares o ingresos superiores a $100 millones/mes son los que más deben contribuir. Y así es. Pero, no deberían ser solo ellos, las personas de ingresos altos no inician en un valor tan elevado. La propia distribución del ingreso del país muestra que las personas que reciben desde $10-12 millones/mes están ya en 1% más alto de generación de recursos. Así que cuando se intenta gravar a individuos con esos ingresos no se está atacando a la clase media como muchos analistas y usuarios de redes sociales mencionaron hasta el cansancio, sino a los que todos repetimos en coro: las personas de mayores ingresos.

Aquí, las autoridades económicas deberían ser mucho más hábiles comunicando temas tan complejos como estos y demostrando con cifras que aún hay personas con niveles altos de ingreso (no necesariamente asalariados) que tienen bajas tasas efectivas de tributación al comparar internacionalmente.

La coyuntura social y la protesta ciudadana han hecho evidente que este no es el momento de una reforma fiscal ambiciosa. Terminaremos con una reforma más pequeña que cubra los huecos de corto plazo. Pero, como seguramente necesitaremos una nueva reforma en el futuro, en ese momento deberemos estar alerta para evitar caer en la trampa permanente de la tragedia de los comunes.