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Durante los últimos años nos hemos referido muchas veces al entorno en el cual vivimos como a un mundo Vuca, es decir, una realidad vulnerable, con gran incertidumbre, compleja y ambigua. Pero en la última década hemos observado una radicalización de este mundo. Hoy, no solamente observamos la incertidumbre, sino que es también un mundo donde reina el miedo, la ansiedad, una incapacidad de entender lo que nos está pasando, y existe una probabilidad más alta de fracasar, sobre todo para quienes viven con un exceso de confianza. Los expertos llaman a esta realidad un entorno Bani. Es decir, vivimos en tiempos de caos.
El hecho es que estamos viviendo en una era de transición, entre, cómo dice el autor Borja Vilaseca, un paradigma antiguo enfocado en una cultura del tener, y uno nuevo orientado al ser. Es decir, en el pasado primaba la mentalidad del empleado, el interés propio, el currículum vitae y los títulos universitarios. El objetivo era ganar dinero, se obedecían órdenes, se buscaba seguridad y certidumbre. El consumo era materialista y no había conciencia ecológica. Por el contrario, hoy vivimos en la era del conocimiento, donde se le da valor a la mentalidad emprendedora. La orientación es más hacia el bien común, se pre-elige la formación específica y autodidacta.
El objetivo es crear riqueza, se valora el proponer ideas y se ama lo que se hace. El consumo es post-materialista y hay consciencia ecológica. Parte de la dificultad que hoy tenemos de entender lo que nos está pasando, de la ansiedad que sentimos hacia la incertidumbre, de la confusión que sentimos por las disrupciones que cambian nuestras formas de hacer empresa, es porque estamos en medio del vado.
Este cambio de paradigma que vivimos a nivel cultural, económico, social y político, también se refleja en un cambio de paradigma con respecto al liderazgo empresarial. En el pasado el liderazgo era jerárquico, solamente unos pocos tomaban las decisiones y su mayor preocupación era mantener el status quo. Los líderes solían ser identificados y evaluados en base a su experiencia, carrera y resultados. Finalmente, se consideraba el liderazgo como un rol difícil y sacrosanto. Pero esto ya es un paradigma obsoleto de liderazgo, ya no es adecuado para enfrentar los desafíos de un entorno Bani. De hecho, el nuevo paradigma de liderazgo hace énfasis en la colaboración y en promover la responsabilidad y el autogobierno. Se valora la capacidad de facilitar y de coordinar procesos.
Además, los líderes modernos se caracterizan por tener una visión, por ser empáticos, por su capacidad de tomar riesgos. Además, el liderazgo ya no está en las manos de unos pocos, sino que está generalizado. Eso requiere una transformación en la cultura organizacional, para generar un entorno que facilita las conversaciones permanentes no solo dentro de las empresas, sino también de las empresas hacia afuera. Hoy el líder empresarial moderno es también un agente de cambio.
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En términos de urgencia, la prioridad debe ser la asignación de nueva capacidad que no tiene un límite intrínseco diferente al costo de expansión del sistema, perfectamente gestionable con planeación y señales económicas claras
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