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Unasur, peor que pésimo

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Los últimos acontecimientos políticos de Latinoamérica comprueban un hecho que algunos latinoamericanos siempre hemos entendido: el hecho inequívoco de que la Unasur es una organización de países cuyo único interés es el de fomentar la unión de los países suramericanos alrededor del Socialismo del Siglo XXI. Mejor dicho, la idea de que eventualmente toda la región adopte el totalitarismo-comunismo cubano como modelo de desarrollo económico y social. 

 
La pregunta del millón es por qué razón un grupo tan retrogrado como éste se puede llegar a gestar en una región como la nuestra? En mi opinión, la respuesta está atada al sentimiento de la envidia. Aceptémoslo. Los latinoamericanos somos gente bastante envidiosa, por lo menos si comparamos con la preponderancia de la envidia que existe en Europa y Estados Unidos. Muchos de nuestros conciudadanos latinoamericanos sienten físico mal genio al ver que una persona logra salir adelante, así esta persona venga “de abajo” en la escala social y así esta persona se merezca su buena suerte por el trabajo arduo que llevó a cabo para salir adelante. Son muy típicos el “es que ese tipo seguro tiene contactos con el gobierno,” o “a mí me contaron que fulanito lavaba dólares antes de tener su cadena de almacenes”, o “cómo no va a ser rico si no hace sino robarle plata a sus clientes en los bancos.” 
 
Pero ya estuvo bien de este ejercicio tan patético. Con la muerte del presidente Hugo Chávez y el descalabro total de la economía de Venezuela (por culpa de la implementación del Socialismo del Siglo XXI), ya es hora de que gente lógica como Sebastián Piñera o Juan Manuel Santos se bajen de este patético bus. La verdad es que no hay derecho que la Unasur, además de ser, como dije antes, una organización que endosa la envidia como génesis de la política social, ahora haya decidido ratificar como presidente de Venezuela a Nicolás Maduro, dignificando, de esta forma, quizás el mayor robo de democracia que se ha visto en Latinoamérica desde los años de las dictaduras militares. 
 
Hablemos claro, la posición de Colombia con el robo de las elecciones en Venezuela hasta se puede explicar, pues todos sabemos que el señor Maduro puede boicotear los diálogos en La Habana si así lo decide y de esa forma colapsar las probabilidades de reelección del presidente Santos, pero por qué razón es que Chile ha mantenido ese silencio cuasi cómplice? Acaso Sebastián Piñera no es un demócrata y no tiene la obligación constitucional de manifestarse en contra de la golpiza que le proporcionaron los chavistas a la diputada María Corina Machado en la Asamblea Nacional? Acaso ya no creemos los latinoamericanos en el derecho a ejercer la oposición y en la benevolencia de tener separación de poderes?
 
El argumento optimista es que la falta de lógica debería tener un límite. Pienso que el futuro de la Unasur se escribirá en los próximos meses. Chile, Colombia y Perú solo tienen un par de caminos viables a seguir de acá en adelante. O estos países se alían con Argentina, Bolivia, Ecuador, etc., y deciden ratificar el apoyo al régimen espurio de Maduro a pesar de que no hubo reconteo de votos como le había promedito el mismo Maduro a los líderes de la Unasur hace apenas un mes, o los países lógicos se bajan del bus y reiteran la necesidad de recontar los votos o, alternativamente, aconsejan la repetición de las elecciones presidenciales en Venezuela. Veremos cómo esperan Juan Manuel Santos, Sebastián Piñera y Ollanta Humala, entre otros, que los juzgue la historia. Como peleles? Como demócratas? Sabremos muy pronto. 
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