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Analistas 19/10/2026

Tres prioridades para la política energética

Alberto J. Bernal-León
Jefe De Estrategia Global, XP Investments
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Mi gran amigo Luis Carlos Vélez me preguntaba hace unos días en su programa matutino sobre lo que significaría para Brasil que el pueblo se decidiera a elegir a Flavio Bolsonaro como su futuro presidente.

Le contesté que desde el punto de vista económico sería una noticia inmensa, pues Brasil se alejaría del “progresismo repartidor” para acercarse al “capitalismo creador” que representa Bolsonaro. Pero presenté un matiz, porque es apenas honesto hacerlo: “Luis Carlos, eso sí, hay que decirlo: Lula da Silva es Milton Friedman comparado con Gustavo Petro”.

Y lo es, sobre todo por el lado de la política energética. Pongámoslo en números para que el lector entienda mi punto: desde que Lula asumió la presidencia, la producción petrolera de Brasil ha pasado de un promedio de 3,1 millones de barriles diarios a más o menos 4,6 millones, lo que implica un crecimiento de 48%.

Vale la pena señalar que en ese mismo periodo Colombia perdió su autosuficiencia en gas natural, y la producción petrolera se estancó en 750.000 barriles diarios.

Pero bueno, como dice el dicho, a lo hecho, pecho. El daño ya fue y ahora lo que procede es ver cómo diablos salimos de este hueco en el que nos dejó Gustavo Narciso. Hace unos días conversaba con mi gran amigo y experto en la industria petrolera Alberto Galvis.

Me decidí a escribir esta columna después de conocer los impresionantes datos que me proporcionó sobre las prioridades que debería tener el gobierno del presidente De la Espriella en el frente energético.

Primera idea clave: revivir el comité interinstitucional que se creó durante el gobierno del presidente Uribe bajo la dirección de la ANH. Ese comité tenía un delegado del Ministerio de Defensa, uno del Ministerio del Interior y uno de las regiones, y el objetivo era tener un frente común para enfrentar el sabotaje permanente de las comunidades a los desarrollos petroleros.

Me explicaba Alberto que uno de los costos más altos de la producción petrolera en Colombia es tener que lidiar con las acciones extorsivas de los grupos de interés de izquierda radical, quienes desafortunadamente se aprovechan de la ignorancia de las comunidades para lograr sus nefastos objetivos. Ojo: este tema es adicional a la reforma de las consultas previas.

Segunda prioridad: lograr que la ANH recobre su carácter de entidad que promociona las oportunidades de negocio en Colombia. Necesitamos que la ANH comience nuevamente a “maletear” por todo el mundo para vender las oportunidades que el país ofrece y, al mismo tiempo, que se renueven las rondas de exploración con campos potenciales.

Obviamente, tocará cambiar los términos contractuales para poder competir con las oportunidades que hoy ofrece Venezuela, por ejemplo, y para que los inversionistas logren olvidarse de la barbaridad que hizo el exministro Ocampo de cobrarle impuesto de renta a las regalías. La base de todo tendrá que ser bajar el famoso “government take”, que actualmente supera 70%, un nivel que vuelve prohibitivo invertir en el país, sobre todo teniendo en cuenta las oportunidades que hoy ofrecen Guyana y Venezuela, por ejemplo.

Tercera prioridad: acelerar YA MISMO la construcción del gasoducto entre Colombia y Venezuela, pero bajo el mando de Ecopetrol. Como me decía Alberto, para anteayer fue tarde. El gasoducto Antonio Ricaurte pareciera estar en buenas condiciones, pero el resto del trayecto no está listo, y ese tubo tiene que llegar a la península de Paraguaná, pase lo que pase, y en el cortísimo plazo. Se tiene que avanzar en un acuerdo con Estados Unidos y Venezuela, pero eso no debería ser complicado bajo la coyuntura actual.

La razón principal para avanzar en esto YA MISMO es la siguiente: hoy en Venezuela se queman, mal contados, 1,8 BCF/d (miles de millones de pies cúbicos diarios) de gas natural, mientras que TODA Colombia consume 1,2 BCF/d. Mejor dicho, lo que Venezuela trata como la “basura” derivada de su producción petrolera más que cubriría el consumo interno de Colombia.

Y todo esto mientras el país está pagando el gas que importa a US$25 por cada MMBtu, frente al precio actual en el Nymex de US$3,15... El daño social que le hizo el antiguo inquilino de la Casa de Nariño a Colombia no tiene nombre ni posible perdón de Dios.

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