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Sobre la confianza inversionista

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Recuerdo que a eso de febrero del 2006, en un día bastante frío, estaba reunido con un inversionista muy importante de Londres en mi oficina de Nueva York, en el difunto Bear Stearns.

Este gran inversionista, quien además es un amante de la arquitectura de Cartagena, me dijo algo similar a lo siguiente: “Alberto. Your country is one complicated country, but I got to say, you guys are trying to do things right”. En español, “Alberto, su país es un país muy complicado, pero tengo que decirlo, al menos ustedes están tratando de hacer las cosas bien”. Este inversionista se refería a un concepto bastante sencillo en los negocios internacionales: la generación de la confianza inversionista.

La confianza inversionista fue el pilar económico de la administración del presidente Álvaro Uribe. ¿Qué buscaba Uribe con impulsar la confianza inversionista? Si se le pregunta a la izquierda colombiana, la respuesta sería: hombre, pues enriquecer a los ricos… Si me preguntan a mí, el objetivo de la confianza inversionista siempre fue incrementar la tasa de inversión como porcentaje del PIB. ¿Por qué o para qué, se preguntará el lector? Sencillo, para lograr incrementar la tasa de crecimiento potencial de la economía de Colombia. Bajo Uribe Vélez, la tasa de inversión contra PIB pasó del 13% al 28%, lo que significó un incremento del PIB potencial del 2% anual en el 2002 al 5% anual en el 2010. Si el PIB potencial es 5% y 2%, la generación nueva de empleo es +5/6% en vez de +2/3% año/año. Mejor dicho, entre más confianza inversionista, menor el desempleo y mayor el bienestar social.  

Una de las bases de la confianza inversionista es que la confianza inversionista es ciega. Y esto me trae a lo siguiente: es un pésimo precedente que el Ministro de Ambiente encargado, el señor Luis Alfonso Escobar, le diga a la prensa colombiana que la carbonera multinacional Drummond fue la culpable de generar una mancha de carbón en el Caribe hace unas semanas, porque, y parafraseo, “blanco es y gallina lo pone.” (ver link, http://www.eltiempo.com/colombia/caribe/minambiente-dice-que-mancha-negra-en-el-mar-caribe-fue-por-polvillo-de-carbn_13516637-4)

Bueno, pues resulta que Drummond no es culpable de la contaminación que se vio en el Caribe hace unas semanas, porque la Drummond ya no estaba cargando carbón cuando la mancha apareció. Mejor dicho, es físicamente imposible que la Drummond hubiera sido la culpable de lo que ocurrió. La mancha de carbón que se vio en el Caribe vino de las operaciones de otra compañía de carbón que carga en la cercanía. Según me cuentan, hay pruebas fotográficas de este hecho, y la Anla (Ministerio) tiene en su poder esas pruebas. Igual, el Ministerio de Ambiente sigue echándole la culpa a Drummond, imagino que porque, como dice el aviso en las busetas de Bogotá, “al caído, caerle”. 

Pues así no es la cosa. La base fundamental de la confianza inversionista es que las autoridades respeten a la inversión, y que a un Ministro encargado le de por decir que “blanco es gallina lo pone” para inculpar injustamente a una multinacional de algo que no hizo, nos baja a niveles de república bananera. No, señor Ministro encargado Escobar, así no es la cosa. Usted, con sus palabras ligeras, está afectando el bienestar de miles de familias que le deben su sustento a la actividad que lleva a cabo Drummond en Colombia y más grave aún, está poniendo en riesgo la reputación de seriedad de la que hoy goza Colombia para con el capital extranjero. ¡Seriedad, por favor!

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