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Analistas 21/02/2026

Un salvavidas del momento

José David Name Cardozo
Senador de la República

La otrora autosuficiencia energética de Colombia se está desmoronando. Tras años de postergar inversiones clave y jugar a la ruleta con la planificación del sector, el déficit de gas nos ha acorralado, colocándonos de frente a una realidad tan simple como amarga: recurrir a la importación. Lo que antes veíamos como una opción lejana es hoy la realidad inevitable de un país que se quedó corto en su capacidad de abastecer su demanda interna.

La resistencia que antes generaba la importación de gas, cuando el futuro de la industria en Colombia se miraba alentador y acudir al mercado externo no solo parecía innecesario, sino también contraproducente, se ha quedado a un lado ante la urgencia del desabastecimiento. Lo que antes se rechazaba por sus efectos económicos hoy se debate como una medida inevitable, que evidencia la urgencia de replantear la estrategia energética nacional.

La dependencia de las importaciones es solo la punta del iceberg de un sistema que carece, entre otras cosas, de infraestructura. Ahora, para que este no colapse, urge completar y mejorar la capacidad técnica para recibir el gas extranjero, almacenarlo, regasificarlo y conectarlo de forma eficiente con los grandes centros de consumo. De nada sirve asegurar el suministro en los puertos si el país sigue sufriendo de un “infarto” logístico que impide que el gas llegue a donde realmente se necesita.

En medio de este nubarrón energético, el proyecto de Puerto Bahía aparece como una ficha clave que camina a paso firme. La alianza entre Ecopetrol y Frontera Energy no solo está cumpliendo tiempos, sino que podría encender motores antes de lo previsto. Su infraestructura de regasificación se perfila como la solución más eficiente y económica para traer el gas que nos falta. No es poca cosa que ya estén en la etapa de comercialización. Contar con este punto de entrada antes del cronograma oficial es el tanque de oxígeno que el país necesita para no asfixiarse.

Sin embargo, hay que tener claro que la importación no puede convertirse en el eje central de nuestra estrategia, sino en un remedio temporal. El costo de seguir abandonando al sector y de continuar dándole la espalda a los contratos de exploración y explotación es quedar atrapados en un mercado internacional hostil. Si no retomamos el rumbo, terminaremos a merced de los precios externos solo para poder sobrevivir.

El panorama que pinta la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (Andesco) es, por decir lo menos, aterrador. Pasar de un déficit de 23% a un abismo de 39% en el suministro de gas natural, como alerta el gremio, no es solo una estadística; es la crónica de un colapso anunciado si no se toman medidas de choque ahora mismo. Con un faltante de esa magnitud, la soberanía energética pasaría a ser un recuerdo.

Si nos resignamos a comprar lo que antes producíamos, estaremos entregando las llaves de nuestra seguridad energética al mejor postor y renunciando definitivamente a nuestra autosuficiencia. No podemos darnos el lujo de acomodarnos en la importación como si fuera una solución definitiva; traer gas de afuera es solo un salvavidas del momento.

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