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¿Qué nos deparará 2016?

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A pesar de toda la mala energía que se siente hoy en día en los mercados, pienso que 2016 va a ser un año bastante bueno para los activos financieros del mundo emergente. El escenario base que manejamos en Bulltick se basa en una visión de “mediocridad estructural” de la economía mundial, uno que es análogo al escenario de “Ricitos de Oro”. Sí, efectivamente, como el cuento infantil, el de la niña que no se toma la sopa muy caliente ni la muy fría, sino que se decide por la opción mediocre: la sopa tibia.

Mejor dicho, lo mejor que le puede pasar a la economía mundial en 2016 es tener un año de crecimiento “ahí”. En otras palabras, un año “ni fu, ni fa”. Ese escenario va de la mano con un crecimiento económico letárgico y con la persistencia de una baja inflación en el mundo desarrollado. Si ese es efectivamente el escenario que se manifiesta, 2016 será un año de bajas tasas de interés a nivel mundial. Si la economía mundial no crece fuerte en 2016, los bancos centrales del mundo, aún así estos estén en gran medida ideológicamente desesperados con la persistencia de las bajísimas tasas de interés, lo cierto es que les quedará muy difícil comenzar el proceso de normalización monetaria porque la evidencia empírica no les va a ayudar.   

Ahora, si el escenario base que acabo de presentar no se cumple, ahí si, como dicen popularmente en nuestro país, que Dios nos agarre confesados, porque la situación de mercados se puede tornar caótica. Por ejemplo, si la economía de EE.UU. comienza a crecer demasiado rápido, el mundo podrá verse enfrentado a un escenario de aceleración desordenada de la inflación, escenario que implicaría que el Banco Central de EE.UU. está “detrás de la curva”, hecho que implicaría que a la Fed le tocaría comenzar a “perseguir” a la inflación vía incrementos acelerados de la tasa de interés. Este escenario sería análogo al que se vivió en 1997, el año de la mega crisis de mercados del mundo asiático. Créame, si  2016 se llega a parecer a 1997, el peso colombiano no se va a estabilizar alrededor de $2,500, sino que, muy seguramente, se va a devaluar hasta niveles cercanos o superiores a $4.000.

El otro posible escenario es el contrario: el escenario de recesión en EE.UU. Ese escenario también es muy negativo para el peso colombiano, porque la aversión al riesgo se dispararía, y cuando a la gente le da miedo, como todos los mayores de 30 años sabemos, se refugia en dólares. Como me decía mi papá cuando yo le preguntaba cuando estaba niño el por qué de su decisión de ahorrar en US$: “Mijito, porque uno nunca sabe que pueda pasar en este país…”  

Me siento muy cómodo con mi visión sobre los mercados financieros en 2016. Que a pesar de que ya llevemos siete años de reactivación económica, los mercados y los indicadores líderes aún sigan mostrando tantas dudas sobre el futuro de la inflación, demuestra que “esta vez las cosas SÍ son diferentes”. No hay dicho más trillado en finanzas que ese, pero confieso que no encuentro explicación alterna para explicar el por qué de la falta de dinamismo de la inflación en las economías mundiales. El mundo continúa teniendo un amplio problema de demanda, y ese problema de demanda se basa, en gran medida, en la bajísima inflación de salarios que el mundo desarrollado ha mostrado desde el inicio de la crisis financiera de 2007. Por esa razón, considero que es un error no apostarle a las posibilidades de recibir algo de retorno en un mundo desarrollado que ofrece tasas inexistentes. Mejor dicho, a comprar bonos de Indonesia.

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