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Analistas 19/12/2022

Por un mejor 2023

Alberto J. Bernal-León
Jefe De Estrategia Global, XP Securities

Como siempre pasa, este año se pasó a toda velocidad. Más o menos en estos días hace un año escribí una columna de opinión presentando mis cábalas para 2022. Entre otras pronostiqué que Petro no iba a ganar las elecciones, no argumenté que la Reserva Federal iba a subir las tasas en 425 puntos básicos, y no se me ocurrió prever que el criminal de lesa humanidad Putin iba a invadir Ucrania. Tampoco se me ocurrió prever cosas positivas, como por ejemplo que los chilenos iban a tener la sapiencia de rechazar el texto constitucional que presentó esa asamblea repleta de irresponsables. Tampoco pronostiqué que el partido republicano iba a retomar el control de la cámara baja en EE.UU., que el mundo iba a apartarse del ambientalismo extremo de Greta Thurnberg, o que el mayor genio de nuestra generación, Elon Musk, nos iba a hacer el favor de comprar Twitter y de esa forma dar un paso decisivo en el largo camino de tratar de destronar a la élite “woke” que hoy nos obliga a aceptar ese discurso totalitario que hábilmente matiza de la mano de la supuesta necesidad de ser “empáticos”.

Desde el punto de vista de los mercados, 2022 va a pasar a la historia como un año histórico. Les paso unos datos relevantes al respecto: 2022 es el peor año desde 1931, el año de la gran depresión global, en términos de cómo se comportó un portafolio balanceado (60% bonos y 40% acciones). Más impresionante aún, 2022 pasará a la historia como el peor año de la historia para las inversiones en renta fija. Déjeme repetir eso: de la historia. Nunca habían caído tanto los precios de los bonos, implicando grandes pérdidas para los inversionistas grandes y pequeños. Esta realidad la puede uno asumir de dos formas: de forma positiva, o de forma negativa. La negativa es dedicarse a quejarse y darse contra la pared, la positiva es entender que, si 2022 fue el peor año de la historia para los mercados de renta fija, es bastante probable que 2023 sea un gran año para esas inversiones.

El 2022 fue un año terrible para los activos denominados en pesos colombianos. La Bolsa de Colombia perdió 26% de su valor, a pesar de las ofertas de compra que presentó Gilinski durante el año, y los bonos de deuda colombiana (TES) a 2030 perdieron 27% de su valor si se mide el retorno en dólares. Parte de la culpa detrás de estas pérdidas es función de lo difícil que estuvo el año para las inversiones a nivel global, pero la mayor razón detrás del mal desempeño de los activos durante este año que termina tiene nombre y apellido: Gustavo Petro.

No es certero lo que dice el ministro Ocampo. No es cierto que la confianza de los inversionistas para con Colombia esté en niveles muy positivos. El nivel de desconfianza es muy alto, y es función única y directa de los mensajes tan complicados que ha continuado enviando la administración Petro al mundo inversionista. Es de necios seguir tratando de vender la idea falsa que decir que no se van a firmar nuevos contratos de exploración petrolera no tiene efectos sobre los mercados. Eso es como si yo dijera que no tendría efecto alguno en mi matrimonio si yo tuviera la osadía de decirle a mi esposa que es posible que tal vez en cinco años me decida por buscarme otra mujer. Nadie lógico se atrevería a decir que un mensaje de esa calaña no generaría reacciones negativas por parte de un cónyuge. Ojalá 2023 sea el año en el cual la administración Petro deja la pendejada con lo del petróleo. ¡¡Felices fiestas!!

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