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Lo que se conversa en Boston

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La semana pasada estuve visitando a las cuentas más importantes del “buy-side” de Boston, aquellas que financian al mundo emergente y, específicamente para el propósito de esta columna, al gobierno de Colombia y a las empresas colombianas que tienen la capacidad de fondearse en el extranjero. Como quizás podrán adivinar los lectores, una de las principales conclusiones que saqué del viaje es que el ánimo de estos inversionistas no está en su mejor nivel actualmente.

La gran mayoría de los inversionistas con los que conversé en los últimos días se mostraron preocupados por la difícil situación fiscal que el país está enfrentando. Para muchos inversionistas internacionales, el hecho que actualmente se esté cumpliendo con los lineamientos de la regla fiscal no es suficiente garantía para asegurar la sostenibilidad del fisco. Según la mayoría de los analistas e inversionistas con los que intercambié conceptos, los lineamientos actuales de la regla fiscal no son creíbles, dado que el precio del petróleo ha continuado cayendo, y porque muchos analistas internacionales consideran que el crecimiento potencial del país está sobredimensionado por el panel de expertos de la regla fiscal. Muchos inversionistas no creen que el crecimiento potencial de Colombia continúe estando por encima del 4% año/año, aún después de tener en cuenta el clarísimo impulso que le da el gasto en infraestructura vial (las 4G) a la economía. Lo cierto es que muchos inversionistas consideran que el choque tan violento que se ha visto en los términos de intercambio que afectan al país muy probablemente ha disminuido la capacidad de Colombia de crecer más rápidamente en el futuro.

El lector obviamente tiene la libertad de creerme o no, pero mi entendimiento es que el discurso de que “la paz” va a incrementar el crecimiento potencial de Colombia no ha calado dentro de la gran mayoría de los inversionistas internacionales. Estos inversionistas son muy sofisticados y entienden que a punta de buenas intenciones no se llega a un norte seguro y estable. Los inversionistas entienden que el famoso posconflicto implicará mayores niveles de gasto público, y por ende, mayor tributación de la población y de las empresas. Y los inversionistas también entienden que dado el hecho de que el presidente Santos se comprometió a refrendar “la paz”, este tendrá que gastar muchísimo capital político para lograr la aprobación del plebiscito.

Que el presidente se vaya a ver obligado a utilizar una cantidad muy importante de su capital político para lograr la aprobación del plebiscitico que se nos viene, implica que el presidente tendrá poco capital político para pasar una reforma tributaria que le cobre IVA a la canasta familiar. Y esto implica, desafortunadamente, que cualquiera sea la reforma que ha de salir finalmente del Congreso Nacional no incluirá un incremento del IVA, o si lo incluye, lo hará en una menor intensidad comparado con lo que el aparato estatal demanda en este momento.

Por lo tanto, me temo que la reforma tributaria será juzgada como insuficiente y quizás contraproducente por la mayoría de los inversionistas internacionales. Mejor dicho, es posible que la aprobación de una reforma tributaria mediocre no sea suficiente para convencer a las calificadores de riesgo de que es lógico mantener la calificación crediticia de Colombia en los niveles actuales. Dios quiera que me equivoque, pero, la verdad, lo dudo.

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