Analistas

Lo de Dios es de Dios

Nunca me debería haber dado lo que me dio y la mayor probabilidad era que no saliera bien de esta enfermedad. Me dio una Septicemia muy grave atada a una bacteria que se llama Neisseria Meningiditis, que es bastante común, pero que muy rara vez ataca al cuerpo. Que esté escribiendo estas letras ya casi completamente recuperado se lo debo a todos los ángeles que tengo alrededor. Se lo debo a mi esposa Cristina, mujer de hierro que a punta de amor sobrellevó este proceso tan complicado con una madurez envidiable. Se lo debo a mi hermana, que con su inmensa sabiduría de medicina, su optimismo sin límites, y su fortaleza de espíritu, logró que los médicos encauzaran mi tratamiento de la forma más eficiente posible. 

Se lo debo a mi papá, que con su optimismo y espíritu me ayudo a sobrepasar esta prueba tan dura. Se lo debo a mi mamá, quien, estoy convencido, desde el cielo me envió un mensaje ese sábado en la mañana que me tenía que ir al hospital lo más pronto posible, decisión que, me dicen los médicos, muy probablemente me salvó la vida. Se lo debo a mi hermano, quien siempre estuvo ahí para ayudarme con las labores diarias cuando yo estaba más débil. Se lo debo a todos los amigos que estuvieron a mi lado en el hospital dándonos aliento a Cristina y a mí. Se lo debo a toda mi familia que siempre estuvo al frente del cañón durante estas tres semanas tan complicadas.  

Se lo debo a miles de amigos y conocidos y anónimos que rezaron por mí y que me dieron semejante cantidad de energía positiva. Se lo debo a todos los amigos que organizaron cadenas de oración pidiendo por mi salud. Se lo debo a Bulltick, empresa que hizo hasta lo imposible para ayudarle a Cristina a sobrellevar la situación. Se lo debo al Dr. Fernando Londoño que a través de su programa de radio le pidió a Colombia que rezara por mí. Se lo debo al presidente Uribe, quien estuvo muy pendiente de mi salud y quien, me cuentan, en varias ocasiones en sus discursos pidió por mi bienestar y el de mi familia. 

Ahora, gracias a Dios todo esto ya pasó, y como me dijo un gran amigo hace unos días, lo que viene es aprovechar esta experiencia de vida para mirar hacia adelante y lograr “recrearme”. No en términos de esparcimiento, sino para lograr que esta experiencia me ayude a reforzar mis convicciones sobre la sociedad y la vida en general. 

Durante estos días he tenido mucho tiempo para leer y pensar, y he estado muy enfocado en analizar las deficiencias que afectan el sistema educativo de Colombia. Hace unos días conversaba con el senador electo Iván Duque sobre la relevancia de invertir mejor en el sistema educativo de Colombia. Hay que hacer las cosas bien. No vale la pena gastar billones en este momento en facultades de ciencia y tecnología si los niños chiquitos aún no reciben diariamente el contenido calórico necesario para poder desarrollar bien su cerebro. La prioridad tiene que ser que los niños al menos reciban un buen desayuno y un buen almuerzo en el colegio. La propuesta de Óscar Iván Zuluaga al respecto es un gran avance. 

El otro objetivo de largo plazo tiene que ser lograr que Colombia se convierta rápidamente en un país que se la juega sin miedo por el emprendimiento. No todos somos emprendedores. Algunos nacimos para crear, otros nacimos para ser empleados. Quien es quien lo decide la providencia, y ese hecho irrefutable lo tenemos que entender como sociedad, sin envidias. Hay un factor común entre los emprendedores: tienden a quebrarse un par de veces en sus vidas, pues son personas arriesgadas. Colombia tiene que avanzar rápidamente como sociedad en aceptar que quebrarse no es un fracaso sino un paso dentro del aprendizaje en la construcción de los negocios. Los colegios, universidades, familias y el gobierno tienen la obligación de lograr que el estigma de la quiebra desaparezca, para lograr, de esa forma, que Colombia se parezca un poco más a Israel. ¿Para que?, dirá el lector. Pues para que no tengamos que ver a más niños pobres pidiendo limosna en los semáforos.