Analistas

Hablando de gaitas, planicies, y pésimo clima

GUARDAR

Alberto J. Bernal-León

Hace ya un par de años estaba en Buenos Aires participando en una conferencia sobre macroeconomía y desarrollo sostenible. Hablaron todos los ministros relevantes de la Argentina, banqueros, politólogos, y unos cuantos consultores. En esas se paro un señor de procedencia europea, con cara afable y buena capacidad de comunicación; y se robó el show. No lo digo yo. Lo dijo el universitario que estaba sentado al lado mío.

Este señor se llama David Lovegrove y es el director de la Agencia para el desarrollo internacional de Irlanda. Este señor vive en un avión, literalmente, y su objetivo principal hoy en día parece ser el de demostrar que el famoso milagro irlandés no existe. “Milagros no existen en este mundo”, decía el señor Lovegrove, “lo que existe en mi país es voluntad, tenacidad, y consenso de la sociedad.”

La historia del crecimiento vertiginoso en Irlanda, un proceso que la llevó de ser el mendigo de Europa a tener uno de los ingresos per cápita más altos del continente, la resume el comentarista norteamericano Richard Florida en términos de las “tres t’s”: tecnología, talento, y tolerancia.

Tecnología, ya que no existe país en el mundo que pueda salir adelante a base de ser competitivo en el cultivo de la papa; talento, ya que Irlanda decidió darse la pela en el destino del gasto publico para lograr gastar en lo más eficiente, que es la nutrición y la educación de los niños; y tolerancia, porque la gente en este país acepto que tocaba dar un granito de arena para salir adelante. Siendo justos, la gente aceptó que se necesitaba dar un “costal de arena” para sacar al país del caos.

El pacto social que adoptó Irlanda en 1987 es, en mi opinión, la tesis máxima de la tolerancia. El pacto que se implementó le dio espacio a Irlanda de pasar de ser unos de los países del mundo con mayor nivel de deuda publica per cápita, a tener una economía con un nivel de deuda pública por debajo del promedio europeo (por debajo de 30% del PIB) y con tasas de interés bajas.

¿Cómo se logró este cambio tan impresionante? La receta es la siguiente: Los sindicatos estatales y privados aceptaron reducir las prebendas que tenían atadas a sus contratos para darle espacio al gobierno de bajar el impuesto a la renta al 12,5%, y para darle espacio al gobierno de invertir más en educación.

Por el lado privado, la disminución del costo del empleo dio espacio para incrementar la rentabilidad de las empresas. El faltante de ingreso público se corrigió con mayor ajuste fiscal y más impuestos al consumo. Permítame repetir: bajar el impuesto de la renta al 12,5%, subir el impuesto al consumo, y disminuir radicalmente el gasto burocrático, para de esa forma lograr que más inversión extranjera llegara al país a generar empleo.

Cuando el Dr. Lovegrove dijo esto en el auditorio, con una audiencia mayoritariamente “progresista”, yo esperaba una serie de improperios. Al contrario, la gente aceptó los argumentos en silencio, con reflexión, pues la evidencia es irrefutable. Irlanda pasó de ser un país perdedor a ser un país ganador, en donde no hay desempleo, ni pobreza, ni niños malnutridos, y donde a pesar del pésimo clima que existe, la gente vive con optimismo. Todo esto gracias a que se le dio espacio al sector privado de generar riqueza y empleo digno.

Más columnas de este autor
LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés