Tengo gran aprecio por el ministro Alberto Carrasquilla. Me parece que mi amigo de décadas es un gran patriota que tomó la decisión de vida de nunca mentirle a los colombianos, por más dura que fuese la verdad. Esta realidad lo ha convertido en una especie de “pera de boxeo” para la demagogia colombiana. Por ejemplo, Alberto lleva décadas tratándole de explicar a los colombianos por qué es necesario cobrarle IVA a la carne. Es completamente antisocial que la gente que vive en Rosales no pague IVA por la carne que consume, sobre todo teniendo en cuenta que ya existe la tecnología para devolverle esos recursos a los menos favorecidos. Por si la cosa no es clara, cuando gente como yo no paga IVA por la carne que come, se sacrifica la capacidad del estado de financiar el desayuno de un niño pobre en un colegio público.

El nuevo ataque de la demagogia criolla contra Carrasquilla se debe a su visión “controversial” sobre el salario mínimo. A Alberto lo están amenazando hasta de muerte por opinar sobre la realidad salarial. La evidencia es irrefutable: el salario mínimo en Colombia es muy alto en comparación con la media de remuneraciones de la economía. Para los interesados, este estudio de Santiago Montenegro (https://www.asocajas. org.co/wp-content/uploads /2019/06/Presentaci%C3%B3n-Asofondos.pdf) presenta una gran cantidad de información sobre los salarios en Colombia.

Los puntos más relevantes de esta discusión: primero, el salario mínimo en Colombia corresponde a 80% de la media salarial del país. Ese significa que es muy difícil generar empleo formal. En México, por ejemplo, el salario mínimo es de 35% de la media salarial, al igual que en España, en Polonia es 52%, y en Israel 58%. En EE.UU. la proporción es de 32%. Solo Turquía se acerca a la situación de Colombia, con el mínimo llegando a 76% de la media de los salarios.

Segundo, hay una relación clarísima entre el “desface” del mínimo y la incidencia de la informalidad regional. Me explico. Como en Colombia el salario mínimo es único y no diferenciado, y el ingreso regional de Colombia es claramente muy diferenciado (Antioquia es mucho más rico que Nariño), pues entonces la informalidad en Nariño es mucho más pronunciada que en Antioquia, pues generar empleo formal pagando el mínimo, cuando el ingreso medio es menor que el mínimo, es imposible. La informalidad en Nariño es de 90% porque el salario mínimo sobrepasa el ingreso medio del departamento en 30%. En Bogotá la informalidad es de 40%, porque el salario medio de Bogotá es el doble del salario mínimo.

La idea reciente que presentaron un grupo de economistas colombianos de reducir los costos de la contratación formal y de permitir que se contrate a jóvenes y mujeres por debajo del mínimo como política necesaria para combatir el inmenso desempleo que nos ha dejado la pandemia, propuesta que obviamente acompaño, se basa en las evidencias recién presentadas. La tenacidad de un tipo como Carrasquilla al insistir en que el nivel alto del mínimo es factor explicativo en la incidencia de la informalidad solo busca lograr que Colombia sea un país más justo. Todos los emprendedores de Colombia que han generado empleo en el pasado saben lo difícil que es crearlo y mantenerlo, y por lo tanto entienden lo que argumenta Carrasquilla. Los políticos, personajes que jamás han generado empleo digno, no logran entenderlo.