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El que menos corre, vuela

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Nunca se me va a olvidar. Era un domingo por la noche, a eso de abril de 2009, y estaba abordando un vuelo Miami-Ciudad de México. Las televisiones de la sala de espera mostraban innumerables fotos de mexicanos caminando por la calle con mascaras en la bocas y a mano derecha de la pantalla de CNN se leía el conteo de muertos por la otrora famosa “gripe porcina”, o el H1N1 de hoy en día. Una vez entre al avión, me di cuenta que en el 737 viajábamos, por mucho, 15 personas, incluyendo los pilotos y los auxiliares de vuelo. Los auxiliares de vuelo hablaban con los pilotos, y yo oía el “yo no voy a menos de que me garanticen que me dan Tamiflu …” de una de las asistentes de vuelo. Tome el teléfono y llame al director de la mesa de dinero de Bulltick en México: “oye, que hago…esta vaina como que no va a arrancar, porque ni los pilotos quieren ir…” “No jodas, pinche Bernal, no que tu hasta te le enfrentabas a las Farc? Te vas a asustar por un pinche bichito?” 

 
Cuando llegué a Ciudad de México quede impresionado con el silencio que se sentía en el aeropuerto, y por el hecho que me demore solo 20 minutos del aeropuerto a Santa Fe, pues no había carros en la calles. Durante ese viaje no tuve casi reuniones, casi todas las cancelaron, pues la paranoia general hizo que toda la gente se quedara en sus casas, para no contagiarse del “bicho”. El lector recordará que 2009 fue el peor año para la economía mundial desde los tiempos de la gran depresión. Mejor dicho, como si no fuera suficiente, la industria de México se desplomó de la mano de la industria de EEUU, que vivió la quiebra, entre otros, de General Motors y Chrysler, y el “bicho” colapso la demanda domestica por varios meses. El resultado: una caída del 7% a/a en el PIB, un impresionante disparo en el desempleo, y una devaluación violenta del tipo del cambio. Imagino que no tengo que narrar como se sentía el ambiente entre los industriales mexicanos por esos días… 
 
Pero como dice el dicho, no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. El México del 2013 es un México dinámico, y un México con unas perspectivas económicas muy favorables. Por qué razón lo digo? Muy sencillo. México es el país de Latam que más probabilidades tiene de impresionar positivamente a los inversionistas en los próximos trimestres, pues la agenda legislativa del Presidente Peña Nieto luce muy bien. Y por otro lado, México es el país de Latinoamérica que goza, y por mucho  trecho, de mayor competitividad manufacturera. Obviamente, la cercanía a EE.UU. ayuda mucho, pero toca rescatar que la clase empresarial de México es impresionantemente hábil. 
 
Enfocándome en la cuestión legislativa, el Presidente Peña Nieto está a punto de presentar al Congreso una enmienda constitucional que podría cambiar radicalmente las perspectivas energéticas de este país. La reforma energética de Peña Nieto es básicamente la misma que implemento la administración Uribe Vélez en Colombia, reforma que es responsable del doblaje de la producción de petróleo en Colombia. La única diferencia relevante es que la reforma de Uribe democratizó la posición accionaria de Ecopetrol y la de Peña Nieto no buscará lograr eso para Pemex, pues la oposición política sería brutal. Pero la reforma en México también buscará darle autonomía fiscal y contractual a Pemex, y le abrirá espacio a las multinacionales para que vayan a buscar petróleo en México. 
 
Según el consejo de competitividad de México, si la reforma energética se aprueba más a menos parecida a lo que muy seguramente se irá a presentar en el Congreso en los próximos días, la inversión extranjera anual se podría multiplicar de los US$17 mil millones de hoy a US$85 mil millones para 2030 y la producción de petróleo podría multiplicarse, pasando de los 2,5 millones de barriles diarios de hoy a 8 millones de barriles diarios para el 2030. Pueda ser…
 
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