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Analistas 06/07/2026

Lo del lío fiscal 2: Contra el numerario tributario

Alberto Carrasquilla
Economista y ex ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia

El debate tributario en Colombia enfatiza el nuevo recaudo que se espera a la luz de una serie de medidas legislativas. De esta manera, la idea de una reforma tributaria suele asociarse a una suerte de numerario: tal programa de gasto vale una reforma tributaria; tal otro programa, vale reforma y media. Y así.

Buena parte de la conversión del debate tributario en la construcción de un numerario se explica por una gran asimetría: la Constitución de 1991 implicó una expansión sustancial del tamaño del Estado, decisión democrática que ha ocurrido en la inmensa mayoría, si no en todos, los países del mundo. El problema es que no contamos con principios constitucionalmente paralelos que permitan financiar sanamente esta decisión democrática.

El gasto público lleva décadas subiendo por el impecable ascensor constitucional, mientras que los ingresos tributarios llevan décadas subiendo por la escalera de un debate legislativo casi anual, en cada uno de cuyos empinados escalones hay un esperpento potencial. El sistema tributario resultante es la suma de todos los esperpentos acumulados, reforma tras reforma.

Estructura tributaria comparada

Mejorar la calidad del debate tributario pasa por quitarle su carácter de numerario y devolverle su carácter de política pública de largo plazo. Es decir, un conjunto de normas consistentes con al menos tres principios esenciales. Primero, la equidad (entre más afluente sea una persona, más dinero paga). Segundo, la neutralidad (dos personas o dos empresas iguales pagan lo mismo). Tercero, la eficiencia (los incentivos para producir, trabajar y emprender no se ven afectados por la política tributaria).

La progresividad de nuestro sistema avanzaría enormemente con dos medidas conceptualmente sencillas, pero políticamente muy difíciles de adoptar, porque afectan a un personaje fundamental en toda democracia, al que los politólogos llaman el votante mediano. Una, eliminar las exenciones al IVA, cuya mayor parte termina en el bolsillo de los más pudientes. Dos, eliminar la exención del impuesto sobre la renta de las personas que reciben ingresos superiores al promedio nacional, práctica común en buena parte del mundo, empezando con una tarifa marginal muy baja.

Tanto la neutralidad como la eficiencia, por otra parte, avanzarían enormemente mediante tres iniciativas. Primero, eliminar todas las exenciones y todas las sobretasas que se aplican tanto a la renta personal como a la renta empresarial. Segundo, reducir en paralelo las tarifas máximas de cada régimen. Tercero, eliminar todos los impuestos empresariales que no están asociados con las utilidades, como, por ejemplo, el Ica y el GMF.

Aun sin entrar en la minucia de variantes concretas de estas propuestas puramente conceptuales, es claro que se trata de un conjunto de iniciativas amparadas por un principio general: en Colombia necesitamos que más gente pague impuestos, que lo haga bajo reglas iguales para todos y que estas sean consistentes con aprovechar el enorme potencial inexplotado que ofrece el país para quien quiera invertir y trabajar.

Mejorar a fondo nuestra estructura tributaria, en la dirección planteada, va a contribuir a acelerar el crecimiento económico, lo cual no es poca cosa en términos fiscales. Veamos. Si suponemos que la tributación total representa 20% del PIB a largo plazo, cifra que no es baja internacionalmente hablando (cuadro 1), la diferencia en materia de recaudo entre crecer a 2,5%, como lo hacemos hoy, y crecer a 4%, como lo hacíamos sostenidamente hace relativamente poco tiempo, equivale a 6% del PIB de 2025, en valor presente, a diez años, y a 16,7% a veinte años, descontando los flujos reales de recaudo a una tasa de interés real de 9%, es decir, la tasa de interés de los TES a diez años observada al terminar el mes de junio, neta de una inflación de largo plazo de 3% anual.

Es hora de que Colombia piense en grande, creo yo. Mejorar a fondo nuestro esperpento tributario, en las tres direcciones de la sensatez, contribuirá a alcanzar, pese a obstáculos más que evidentes, ese anhelo.

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