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En el debate de nuestras políticas públicas en materia social se suele enfatizar el concepto de “estrato” para discutir temas como la educación -tal universidad tiene un porcentaje alto de estudiantes de estratos 1, 2 y 3-, las transferencias monetarias -tantos recursos fueron al estrato 1-, la salud -tal EPS atendió un número alto de pacientes de estrato 2- y un largo etcétera. El hecho es que entre la distribución del ingreso y la estratificación existente en el país hay muy poca simetría. El cuadro 1 ilustra el punto.
De izquierda a derecha se muestran cifras para cada quintil de la distribución del ingreso observada en la Geih del pasado mes de marzo; es decir, Q1 es el 20% más pobre y Q5 el 20% más rico. De otra parte, en cada fila se muestra el estrato socioeconómico, del estrato 1 al estrato 6.


Por ejemplo, si miramos la primera fila, vemos que de cada 100 hogares de estrato 1, 35,75 se ubican en el quintil más pobre y 10,8 se ubican en el quintil más rico. De otra parte, si miramos la última columna, vemos que de cada 100 hogares ubicados en el quintil 5, más de 68 están en los estratos 1, 2 y 3.
Otra manera de visualizar el problema asociado a esta asimetría se presenta en el cuadro 2.
El cuadro tiene dos paneles. En el panel de arriba se presentan dos indicadores de desigualdad. Uno, el coeficiente Gini (que va de cero cuando hay perfecta igualdad, en este caso del ingreso, a 1, que refleja una desigualdad completa: un solo hogar recibe todo el ingreso y los demás reciben cero). Dos, el ratio de Palma, que mide la relación entre el ingreso promedio del decil 10 y el ingreso promedio de los deciles 1-4. En el panel de abajo, de otra parte, se muestra el coeficiente Gini observado en cada uno de los quintiles de ingreso. Por construcción, cada quintil debe exhibir una desigualdad muy baja. Y, por supuesto, eso pasa en la muestra que analizo: la desigualdad es mucho menor a la observada al interior de los seis estratos. Sin embargo, llama la atención que, no obstante escoger los hogares más parecidos posible en materia de ingresos, en el quintil 1 y en el quintil 5 la desigualdad es importante. De hecho, en el quintil 5 la desigualdad es más alta que la observada en al menos 20 países.
El coeficiente Gini tiene un promedio (ponderado por la población de cada país) de alrededor de 0,35, así que nosotros -con el 0,54 estimado acá- estamos muy, pero muy, por encima. Lo interesante es que, al interior de cada uno de los estratos, el Gini también es muy superior a la desigualdad promedio del mundo. De otra parte, en el mundo el ratio de Palma exhibe un promedio ponderado de alrededor de 5,8; en esta muestra, Colombia lo dobla. Más interesante aún, al interior de los hogares de todos los estratos -oscilando entre 10,7 y 14,4- la desigualdad es muy superior a la observada mundialmente.
La conclusión es muy clara: el concepto de estrato, tal y como se utiliza en Colombia, es una proxy bastante pobre de la distribución del ingreso y usarlo, por ejemplo, para definir políticas de subsidios en materia de servicios públicos corre un riesgo enorme de generar dos problemas: exclusión de hogares que no deberían estar excluidos e inclusión de hogares que sí deberían estar excluidos, si lo que queremos es nivelar las oportunidades en el país.
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