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Analistas 20/05/2022

Un país sostenible

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

¿Qué es lo que hace que un país sea económicamente sostenible? Es una de las tantas preguntas que me hacen los jóvenes estudiantes en eventos universitarios a los que he asistido en los últimos días.

Quienes manejan el concepto de la economía circular dirían que mi respuesta es: el cuidado del medio ambiente y el desarrollo social. En parte tienen razón, pero si tomamos el contexto político de nuestro país mi respuesta es muy sencilla: las empresas. La matemática de todo este asunto es muy simple, tanto que si no hay empresa, no hay empleo y si no hay empleo no hay desarrollo social y si no hay desarrollo social, el país no se sostiene. El país está en la vía de ser sostenible económicamente hablando; un país en crecimiento, las cifras lo dicen, en el que la gente joven tiene la posibilidad de emprender una empresa o un negocio aún sin muchos recursos económicos, solo con una buena dosis de pasión, iniciativa y creatividad. Nuestro sistema lo permite, contrario a lo que sucede en otros países de la región.

Soy emprendedora hace unos 18 años y lo he podido hacer con total libertad; hoy en día cuento con un emprendimiento sostenible desde lo social, lo ambiental y lo económico, un negocio que genera empleo incluyente y cuida al medio ambiente. Pago mis impuestos con ganas y a veces se me quitan, porque quisiera que eso que es fruto de mi trabajo sea bien invertido, pero soy yo también quien recojo los frutos de mi esfuerzo y mi trabajo. Mis padres me enseñaron que debía estudiar y prepararme, a trabajar y a ganarme las cosas fruto de mi esfuerzo y por eso me pregunto: ¿por qué hoy en día a tantos jóvenes les da pereza emprender y prefieren esperar a que el estado o alguien más se haga cargo de ellos y de su futuro?, ¿Será un asunto de pereza e ineptitud? ¿Serán personas faltas de ganas y creatividad para emprender por si solos?

Afortunadamente me rodeo de un ecosistema emprendedor valiente y con ganas de hacer país, pero también escucho a otros que aun teniendo empleo, hogar y condiciones dignas de vida, se quejan de nuestro sistema, que si bien, es imperfecto, nos permite desarrollar social y económicamente con total libertad.

Como emprendedora no logro visualizarme en un sistema socialista, que ya hemos visto lo poco o nada que ha funcionado en otros países y deba compartir los frutos de mi esfuerzo con quien no ha hecho méritos o no se haya esforzado tanto para obtenerlo. No quiero decir con esto, que no esté comprometida socialmente con la sostenibilidad, por el contrario, con mi pequeño negocio he logrado aportar al bien social no solo desde el empleo incluyente sino apoyando a los jóvenes emprendedores de escasos recursos a través de un programa serio y estructurado a través de la Fundación Juguemos en el Bosque. Mucho menos pienso que ahora después de 18 años de emprendimiento, no pueda hacer realidad mi sueño de generar empresa y crecer con mis proyectos actuales. Me aterroriza saber que por una decisión sesgada e idealista de un cambio de sistema todo lo que he hecho, lo que han hecho mis clientes, mis asesorados, mis amigos, mis familiares y aquellas empresas insignia de nuestro país termine en nada. El país evidentemente necesita un cambio que nos permita seguir creciendo y mejorando las cifras que poco a poco venimos levantando. Pero ese cambio no está del todo en los gobernantes, está en nosotros los colombianos que nos levantamos día a día a aportar nuestro grano de arena.

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