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Analistas 18/01/2022

La “carreta” de la sostenibilidad

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

Hace poco Claudia Bahamón publicó en sus redes sociales una fotografía, al parecer de un emprendedor colombiano, que con una carreta, cuatro botellones de agua con tapa dispensadora y unos buenos tenis se paseaba por las playas del país llevando un potente mensaje escrito a mano sobre la misma: “No más plástico, recarga tu botella”. Me sorprendí con la creatividad de esta persona y reposteé la fotografía, pues sabía que muchos de mis seguidores estaban en las playas y yo había llegado desconsolada por la cantidad de plástico y basura que encontré en ellas.

Me di a la tarea de leer los comentarios de la publicación de Claudia, y la verdad es que las respuestas en general aplaudían tal acto. Me llamó la atención que aunque algunos valoraban la iniciativa, otros señalaban y cuestionaban que el señor usaba botellones de plástico en vez de vidrio, no usaba sombrilla para evitar que el sol ayude a desprender BPA sobre el agua y la contamine, no vendía termos metálicos o de vibras vegetales con un filtro en la tapa y el tipo de agua que comercializaba.

Trabajo con emprendedores y promuevo el marketing sostenible, y no se imaginan las barreras mentales con las que debemos lidiar en ambos escenarios. Le escribí a Claudia para saber más sobre esta persona y su emprendimiento, pero no tenía mayor información. Por fortuna la cantidad de comentarios positivos fueron muchísimos y la labor de la persona bien valorada.

Lo importante aquí es entender que alguien que quizás no tiene acceso a una educación sostenible, que no cuenta con los recursos suficientes para montar un negocio con todas las exigencias del mercado, que lo hace por convicción aún sin tener un mercado claramente sostenible en sus playas -porque el panorama 2022 demuestra que no tenemos buenas prácticas de disposición de desechos y del plástico como tal-, que es un ciudadano preocupado y que ante la falta de cultura del cuidado de las playas se avienta a emprender en un mundo que pocos entienden.

Valoro la iniciativa con sus posibles oportunidades de mejora porque sé lo difícil que es emprender y más en el mundo de la sostenibilidad. No debe ser fácil hacerlo cuando quienes ya tienen algo de cultura sostenible le encontraron “peros” al negocio y pueden dudar a la hora de consumirlo y somos parte de una cultura y una economía que aún piensa y actúa de manera lineal: comprar-consumir -botar.

Aplaudo que en medio de una playa colombiana llena de basura y de vendedores ambulantes cargados de botellas de todos los tamaños y sabores exista uno que piense y actúe diferente, yendo de playa en playa más que vendiendo productos transformando el planeta, porque de eso se debe ocupar el verdadero mercadeo de sostenibilidad: no de vender y vender productos eco amigables sino de transformar mercados lineales para que piensen y actúen de manera circular.

Aliento a los emprendedores que nos llenamos de prejuicios, que nos rendimos ante la falta de un mercado maduro y evolucionado y le damos entrada al miedo, que mientras haya una persona en nuestras playas haciendo las cosas de manera diferente, apersonándose de la problemática y portando un mensaje esperanzador, se aleje del tecnooptimismo y entienda que como sociedad debemos poner freno al consumo desmedido de plástico de un solo uso en las playas, que pone en riesgo nuestros mares. Esa botella que tiramos y no desechamos adecuadamente, vuelve a nosotros mismos en los pescados; suena loco, pero así es.

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