Si hasta hace poco pensábamos que el color de la sostenibilidad era verde, por obvias razones, y luego, tras la pandemia, muchos nos enteramos de que hace 20 años Gunter Pauli viene trabajando bajo la óptica de la economía azul ese mismo tema, y que además eso se viene haciendo en nuestro país, muchos comenzamos a preguntarnos entonces si lo que viene ahora en términos de economía circular es la fusión de ambas, dando como resultado la mezcla de lo azul y lo verde en una nueva economía de color café.

Puede sonar chistoso y hasta superficial, pero si vamos más allá en el análisis, podemos darnos cuenta de que no es posible trabajar 100% bajo la una o la otra. Existen cantidad de factores externos que condicionan su aplicabilidad. Entender el origen de ambos tipos de economías es necesario para saber que después de la pandemia muchas organizaciones optarán por empezar a migrar de los tradicionales modelos lineales hacia los circulares, y que en este proceso se van a encontrar con dos colores que trabajan por la circularidad.

Así, encontramos que la economía verde tuvo su origen hace alrededor de 40 años en la ONU, con una clara orientación institucional, un interés por parte de los gobiernos de todo el mundo y entidades que velan por el medio ambiente en resarcir las malas prácticas socioambientales que por años han tenido, y así lograr un desarrollo sostenible.

Asimismo, hace 20 años surge la economía azul, liderada por Gunter Pauli, que nace básicamente del interés de las comunidades por reparar sus errores en este campo, disminuyendo la huella de carbono e impactando no solo en el medio ambiente sino en las comunidades cercanas. La primera toma el color verde de las plantas y se sustenta en la globalización, y la segunda el color azul de los recursos hídricos y el localismo.

Así, entender que por un lado es complejo desmontar un sistema comercial globalizado que lleva años consolidándose para dar paso a la economía azul o al consumo de lo local, implicaría muchos retrasos en lo que ya se ha logrado. No obstante, es un modelo que motivado por la pandemia y la reactivación económica en todo el mundo, toma mucha fuerza.

Sin embargo, debemos entender que ambos modelos tienen el mismo fin, la sostenibilidad, y que dadas las circunstancias actuales, ambos son pertinentes y necesarios; de ahí que nos cuestionemos si estamos ante un nuevo color de la sostenibilidad resultante de la mezcla de ambos modelos.

Y volviendo a esa interesante mezcla de colores, sorprende que el resultante sea el café, color que hace alusión a la tierra y que simboliza justamente aquello que en realidad importa cuando hablamos de economía circular, el planeta que habitamos, llamado así: Tierra, y que al apreciar su imagen en el mapa sean aquellos colores verde y azul entre mezclados.

Finalmente, lo que se expresa a través de este juego de colores y de palabras es que no debemos perder el foco de nuestro propósito, pasar de lo lineal a lo circular es un gran salto que debemos dar para encontrar un verdadero desarrollo sostenible para el individuo, la sociedad, las organizaciones y por supuesto para el planeta.

El color no importa cuando se trata de un genuino interés empresarial, pero si es claro que estamos ante un nuevo color o modelo de sostenibilidad que en época de pandemia podemos reconocer de color café, así en la teoría no exista, y haya quien desde su perspectiva no valide tal mezcla.