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Analistas 05/03/2026

La verdad es lo verdaderamente popular

Abelardo De La Espriella
Abogado, empresario y escritor
ABELARDO-DE-LA-ESPRIELLA

Agradezco al doctor Gustavo Moreno Montalvo su columna dirigida a mí en La República. Su reflexión aborda con seriedad los desafíos económicos estructurales de Colombia y coincide con una convicción central de nuestra propuesta: la prioridad es crecer, generar riqueza nueva, asumir nuestra vocación de grandeza: esa es la Colombia Milagro que edificaremos. Sin crecimiento alto y sostenido no hay justicia social posible.

Pero quiero ir más allá. Nuestra causa no es tecnocrática ni ideológica. Los Defensores de la Patria somos un auténtico movimiento popular. Popular no en el sentido retórico del término, sino en su significado profundo: trabajamos para que cada colombiano, sin distinción, pueda integrarse plenamente al circuito económico y participar del crecimiento que construiremos entre todos. No creemos en divisiones artificiales entre izquierda y derecha; creemos en la inclusión real, la movilidad social y las oportunidades concretas.

El crecimiento de 6-8% anual durante una década no es una meta fría. Es la condición posible para que millones de familias salgan definitivamente de la pobreza, para que el trabajo recupere su dignidad y para que el esfuerzo honesto sea recompensado. Este es el sentido de nuestra extrema coherencia con el compromiso social.

Cuando la economía crece con bases sólidas, el valor del trabajo aumenta, los ingresos reales mejoran y la desigualdad empieza a ceder de forma estructural. Esa es la política social más poderosa que existe.

Ahora bien, ese crecimiento solo es sostenible si está respaldado por responsabilidad fiscal y credibilidad institucional. Por eso nuestra decisión de enfrentar la corrupción y el populismo es indeclinable.

El reciente pronunciamiento del 2 de marzo del Comité Autónomo de la Regla Fiscal ha sido claro: el déficit fiscal ha llegado a niveles alarmantes, el déficit primario es el más alto en décadas fuera de crisis y la deuda pública se ha desbordado peligrosamente. Estas no son opiniones partidistas; son datos técnicos verificables. Ignorarlos es desconocer la realidad.

Aquí es donde se libra una batalla fundamental: la batalla de la verdad contra el engaño. La candidatura de Iván Cepeda ha optado por presentar el manejo económico de su gobierno Petro como un éxito, lo cual es a todas luces falso. Ningún relato puede ocultar indefinidamente que el gasto permanente ha crecido sin respaldo estructural, que la deuda se ha utilizado para financiar expansión electoral populista y corrupción.

Llamar éxito a un escenario con déficit cercano a 7% y deuda creciente es engaño; es desinformación. Y la desinformación electoral es profundamente antipopular y antidemocrática, porque priva al ciudadano de la base racional para decidir su futuro. Es repetir la historia criminal de Hugo Chávez y Nicolás Maduro contra el pueblo venezolano. El populismo fiscal -gasto permanente sin ingresos sostenibles, endeudamiento creciente y narrativa emotiva- no es política social: es una estafa presente que condena a las generaciones futuras.

Nosotros no creemos que decir la verdad sea impopular. Al contrario: en una democracia madura, la verdad y la seriedad son lo verdaderamente popular. Lo impopular no son las decisiones responsables; lo verdaderamente antipopular es el engaño desenfrenado por conseguir votos al precio de la peor corrupción simbólica y cultural.

La confianza es el activo más valioso de una nación. Cuando se pierde, se pierden inversión, empleo y estabilidad. Se pierden la unidad nacional y la identidad de pueblo.

Apreciado Gustavo, toca usted otro tema de vital importancia: la necesidad de simplificar el sistema tributario para eliminar privilegios, promover reglas claras que incentiven la inversión productiva, abrir oportunidades para que Colombia exporte más y mejor, y construir un Estado que funcione con eficiencia y transparencia. Es camino imprescindible para que cada colombiano participe del crecimiento, no como beneficiario pasivo, sino como protagonista activo.

Colombia enfrenta hoy una decisión histórica. Podemos seguir el camino del relato mendaz que minimiza los riesgos y posterga las correcciones necesarias, o podemos asumir con madurez el desafío de ordenar las finanzas públicas, fortalecer la institucionalidad y liberar la capacidad productiva del país.

Esta no es una contienda entre ideologías. Es una confrontación entre la verdad y el engaño. Entre la responsabilidad y el populismo. Entre un proyecto que apuesta por inclusión sostenible y otro que sacrifica el futuro por la desesperación y esa mezcla de votos entre engañados, comprados y violentados que pretenden.

Nuestra invitación es clara: crecer con disciplina, incluir con responsabilidad y gobernar con verdad. Porque lo verdaderamente popular es respetar al pueblo diciéndole la verdad.

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