miércoles, 25 de marzo de 2020

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Después de culminada la Segunda Guerra Mundial, la economía del planeta quedó destrozada. Los casi seis años de intensa confrontación armada, además de demoler a buena parte de la infraestructura y de llevarse por delante la vida de por lo menos 50 millones de personas, dejaron a Europa en una situación lamentable en materia de desabastecimiento e imposibilidad productiva, por escasez de materias primas.

La pandemia del coronavirus, cuyos efectos letales hasta ahora comienzan a evidenciarse, debe ser asumida como una guerra que -paradójicamente- no se libra con fusiles ni misiles, sino con jabón y aislamiento humano. No sabemos cuándo terminará ni cuál será el saldo fatal de esa enfermedad; pero ello no significa que no empecemos a sentar los pilotes para la reconstrucción de nuestra economía.

Antes de que el régimen nazi sucumbiera ante la implacabilidad de las fuerzas aliadas, en Bretton Woods (New Hampshire, Estados Unidos) se delineó un nuevo orden económico global: de las conferencias en aquella ciudad, surgieron organismos financieros multilaterales que aún subsisten, como el FMI y el Banco Mundial.

Hay quienes especulan con un colapso de la economía global, como consecuencia de esta pandemia: desempleo, hiperinflaciones, devaluaciones, caída de los precios, contracción de la demanda de bienes y servicios y estancamiento de la productividad.

Es posible que haya un poco de fatalismo en los pronósticos. Y no es para menos, pues es la primera vez que las generaciones que habitan la Tierra le hacen frente a una situación tan angustiante como la que ha golpeado a nuestras puertas. Independientemente de su magnitud -que solo conoceremos cuando todo esto culmine-, estamos obligados a preparar un plan muy articulado para el rescate de la economía. Invito a quienes hacemos empresa y generamos empleo en Colombia a que llevemos a cabo nuestra propia cumbre de “Bretton Woods”, en la que fijemos los derroteros y tracemos la línea de acción para que la recuperación sea rápida y con el menor número de traumatismos posibles.

Nos corresponde identificar e implementar acciones concretas para salvar a las pequeñas y medianas empresas que sufrirán un gran impacto durante la etapa más intensa de la crisis. El objetivo central debe ser el de rescatar al mayor número de compañías y proyectos de emprendimiento generadores de empleo.

Las crisis son un estímulo para la imaginación. En su momento, Albert Einstein hizo una reflexión que bien vale la pena utilizar en estos momentos: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia… En la crisis, nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias…” El genio de la física, cerraba su planteamiento con una sentencia que debe servirnos como aliciente para no desfallecer: “La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones…”.

No es hora de suscribir capitulaciones ante el pánico. Manos a la obra y, desde ya, comencemos a elaborar un detallado mapa para el rescate de la economía colombiana durante la “pospandemia”. Hay que recordar siempre que la adversidad es al hombre lo que el fuego al hierro: forja.