MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Las prohibiciones, o los rumores de ellas, siempre son polémicas. Si no, que se lo digan a Ségolène Royal, que hace unas semanas tuvo que ver cómo su nombre se asociaba a una ‘despampanante’ prohibición: la de usar escotes excesivos.
La titular del Ministerio de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía francés se apresuró a desmentir el puntiagudo tema en Twitter. ‘Le Point’, que sacó a relucir los escotes, también aseguró que Royal había aconsejado no fumar ni en el ministerio ni en sus espacios abiertos.
Lo cuestionable es si estas normas pertenecen al ámbito profesional. “Cuando la prohibición afecta lo personal, hay algo que no funciona bien en la relación empresa-empleado”, explica José Cobo, de la escuela de negocios ESCP Europe.
Una fina línea que es peligroso traspasar y que delimita Custodia Cabanas, de IE Business School: “si un directivo prohíbe, se le va a percibir negativamente. Sin contar con que las restricciones pueden afectar a la productividad del trabajador, porque no tiene el control de lo que hace”.
“No hay que imponer, sino convencer al equipo de por qué es necesario un cambio. Por ordenar no vas a ser más líder”, señala José Ramón Pin, de Iese.
El código al vestir es un tema espinoso entre CEO y trabajador. Los tres expertos coinciden en que lo importante es que se diferencie entre el tipo de compañía y la visibilidad del empleado en cuestión.
El más reciente informe Talent Trends de Michael Page reveló que 44% de los empleadores admite que no sabe cómo identificar si un CV fue creado o modificado con IA
El estudio, realizado en ocho países con más de 2.400 trabajadores y 1.000 líderes empresariales, evidenció además que cuatro de cada diez empleados no tienen un plan profesional definido
Se proyectan para el evento más de 300 entrevistas y una vinculación laboral de cerca de 9% de los participantes tras su finalización