miércoles, 15 de enero de 2020

Experiencias de las empresas de la Organización Carvajal resaltan la importancia de empoderar a las distintas áreas y vincular las iniciativas con las metas y objetivos de negocio

Juliana Gutiérrez

Innovar implica arriesgarse, perderle miedo al error y experimentar formas de trabajo que desafían los modelos tradicionales. Nadie ha dicho que sea fácil, sobre todo porque es un proceso continuo sobre el cual no existe una ruta definida: se va creando y ajustando a medida que se avanza.

Los obstáculos y tropiezos constituyen, por ende, una parte importante en el camino de descubrimiento. Sobre todo, por las lecciones que dejan detrás de sí, y la posibilidad de aplicar los aprendizajes para aumentar la eficiencia de nuevos procesos.

Desde que en la Organización Carvajal ajustamos nuestro modelo de innovación, hemos identificado situaciones y aspectos que suelen aparecer con recurrencia y afectan en distintos niveles el proceso. Aquí algunos de los errores comunes que se recomiendan evitar:

1. No involucrar a todas las áreas implicadas en los proyectos ni a los clientes potenciales

Es importante identificar las áreas o colaboradores que son clave para el desarrollo del proyecto en todas sus etapas, entendiendo que estos no deben ser solo de áreas de innovación o desarrollo. Tomar en cuenta la necesidad de involucrar desde el inicio a quienes se verán directamente implicados, entre ellos, clientes potenciales, permitirá llevar a cabo un desarrollo integral del proyecto desde diferentes ópticas y cocrear. Para que las innovaciones sean exitosas al salir al mercado, dependen en gran medida de otros procesos.

2. Carecer de etapas de validación de mercado y documentación

La evaluación de prototipos, estudios de mercado y otras validaciones, para tener múltiples iteraciones y pivotear las soluciones, ayudan a que los proyectos estén menos expuestos al riesgo de fracasar. Además, contribuyen a la documentación de las oportunidades y aprendizajes de cada iniciativa, para que las nuevas propuestas no repitan errores y generen reprocesos que impacten en los costos. Esto se logra si se cuenta con metodologías de seguimiento con fases claramente definidas.

3. Pensar más en el gasto que en el consumidor

Al elegir las soluciones, a veces suelen primar consideraciones económicas como la facturación y el costo de producción, en lugar de situar como prioridad lo que resulte mejor para el consumidor. Por esta ruta se pierden de vista los beneficios a largo plazo, por enfocarse en el gasto del corto plazo.

4. Dejar que las labores del día a día le cierren paso al futuro

La distribución de los tiempos de trabajo de las distintas áreas de la organización también entra a jugar un papel determinante, dado que cada área tiene sus propias tareas que cumplir, por lo que, a veces no se destina el tiempo suficiente para trabajar en los nuevos proyectos, descuidando la mirada estratégica necesaria para desarrollar nuevos negocios. Aquí, es importante tener un proceso de innovación abierto para todos los colaboradores con incentivos y estímulos diversos en proyección, formación y experiencias que los impulsen a culminar los proyectos y obtener resultados. De igual manera, destinar cronogramas de trabajo y tiempo para dar claridad de la inversión en horas del colaborador.

5. Falta de empoderamiento de los líderes a lo largo del proceso

La sensación de competencia y amenaza de los negocios tradicionales, frente a los nuevos modelos propuestos, es un riesgo que conviene abordar proactivamente. A veces, la resistencia al cambio puede provenir de las personas que llevan más tiempo en la organización, y se siembra desconfianza e incertidumbre frente a los procesos de innovación. En cambio, si se continúa en todas las fases promoviendo la importancia de estos procesos, en especial con los jefes y líderes de las áreas, se puede asegurar que se brinden los recursos de tiempo y talento para el éxito de los proyectos de innovación.