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Analistas 28/03/2024

El desafío de los residuos electrónicos

Juan Pablo Herrera Saavedra
Decano Facultad de Economía Universidad de Externado de Colombia

Mucho se ha escrito sobre la tardía llegada de países emergentes a lo que desde la segunda década de este siglo Klaus Schwab ha señalado como Cuarta Revolución Industrial y con ello el impacto que esto tiene sobre sus habitantes. Sin embargo, suele quedar un importante espacio de discusión a efectos de sensibilizar a propósito del impacto que esta misma revolución produce frente a la generación de residuos electrónicos explicado por el vertiginoso consumismo propio de esta época de rápida absorción y permanente desarrollo de innovaciones de productos y servicios.

En el informe publicado recientemente por Unitar, ITU y la Fundación Carmignac, se alerta al mundo frente a algo sin precedentes. Durante 2022 se produjeron cerca de 62.000 millones de kilogramos de residuos y desperdicios electrónicos, de los cuales apenas 13% fue adecuadamente clasificado y reciclado. En otras palabras, cerca de 54.000 millones de kilogramos de desechos electrónicos contribuyeron directamente al cúmulo de material que a la fecha contamina nuestro planeta sin seguir ningún tipo de manejo sostenible o planear algún reciclaje de estos residuos.

Esta cifra representa en términos per cápita un reconocimiento de algo que no debe dejarse pasar por alto: durante 2022 generamos cerca de 7,75 kilogramos de residuos electrónicos por cada ser humano que del planeta.

Al observar la distribución de desechos electrónicos por continente, se encuentra que Asia es la principal región generadora de este tipo de residuos, aportando cerca de 49% del total de residuos generados en el mundo (30.147 millones de kg), seguido por el continente americano (14.427 millones de kg) y Europa (13.076 millones de kg).

Para dar una mirada a nuestro entorno y revisar cuidadosamente lo que sucede en nuestro continente, los datos señalarían que en América se registra un incremento de 59,1% en la generación de residuos entre 2010 y 2022, una cifra que sin duda es en sí misma una alerta. Incluso si revisamos con detenimiento lo que sucede en Suramérica, pasamos de generar 2.285 millones de kilogramos de residuos en 2010 a 4.413 millones de kilogramos en 2022, lo que representa un incremento nada marginal de 93,1%, con tan solo una tasa adecuada de recolección y reciclaje de este tipo de material cercano a 2,3%.

En lo que respecta a Colombia, estamos haciendo referencia a un país que en 2022 generó cerca de 388 millones de kilogramos de residuos electrónicos, casi a la par de lo que un país como Ucrania generó ese mismo año, por debajo de Brasil (2.443 millones de kg), México (1.499 millones de kg), y Argentina (517 millones de kg).

Nuestra tasa per cápita de generación de residuos electrónicos en Colombia coincide con el promedio mundial de este indicador, 7,5 kg por habitante y apenas logramos manejar adecuadamente 1% de los residuos de este tipo que fueron generados en el año de estudio.

Por supuesto que estas cifras nos alertan de una situación en la que como país, como región y como especie en el mundo debemos ser muy conscientes. Que bueno que podamos avanzar en la era de la sociedad del conocimiento, magnífico que tengamos la oportunidad de acceder a nueva y mejor tecnología electrónica para hacer más eficientes e innovadores procesos productivos. Pero, sin duda, el gran mensaje que tenemos frente a estas cifras es que resulta imperativo estar alerta a la manera como vamos a manejar los residuos de esta era de tan altas velocidades en las que se sustituyen productos.

Necesitamos, más allá de buenos discursos sobre transformación energética, hacernos responsables de lo que nos corresponde a propósito de la forma en la que podemos contribuir para lograr un país más sostenible, con mejores condiciones para nuestras futuras generaciones basado en la conciencia social que representa el reciclaje y el adecuado manejo de los desechos electrónicos que estamos generando. Paladio, cobalto, plata cobre, pero también oro, hierro, zinc y níquel están presentes desde las tostadoras y hornos que dejamos de usar hasta pantallas de televisión y paneles fotovoltaicos de los que tanto se hablan como fuentes no convencionales de generación de energía.

Frente a este tema, un enorme desafío desde la academia para crear conciencia del manejo responsable de los residuos electrónicos.

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