viernes, 14 de febrero de 2020

El principal reto para fortalecer la seguridad de los medicamentos es generar una cultura de reporte de eventos adversos donde haya confianza, transparencia y reconocimiento del riesgo

Giovanny Montoya

La innovación y los adelantos tecnológicos hacen parte imprescindible de la evolución de la medicina, lo que permite avanzar en alternativas terapéuticas cada vez más completas, pero más susceptibles de observación, estudios y seguimiento.

En este escenario, crece la responsabilidad ética de los actores involucrados en la investigación y desarrollo de medicamentos y se hace necesario implementar prácticas y protocolos rigurosos en la industria farmacéutica que garanticen, día a día, la seguridad de los fármacos. El fin principal es transformar la innovación de la ciencia en valor para los pacientes.

Al hablar de seguridad de los medicamentos, no podemos dejar de hacer referencia a la farmacovigilancia que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la ciencia relacionada con la detección, evaluación, conocimiento y prevención de los eventos adversos y cualquier otro problema relacionado con los medicamentos.

En otros términos, la farmacovigilancia es una disciplina que surge de la necesidad ética de proteger la vida y la dignidad humana ante el impacto que en términos de seguridad podrían tener los fármacos.

Este campo de estudio es cada vez más relevante en espacios de discusión nacional e internacional, debido a los rápidos avances en tecnología farmacéutica, al flujo de información, a la evolución de la ciencia y a la transformación en el acceso a nuevas opciones terapéuticas, como señala la misma organización.

Ningún medicamento es innocuo y, por lo tanto, se pueden desencadenar situaciones médicas desfavorables a los pacientes durante su uso, conocidos como eventos adversos. La información obtenida a través de estos eventos cobra gran importancia, en la medida que a través de su reporte se pueden generar nuevas señales de seguridad e implementar planes de gestión o manejo de ese riesgo con implicaciones muy positivas en la seguridad clínica del paciente, en la sociedad y para los profesionales de la salud al momento de prescribir.

En este contexto, es necesario que todos los actores involucrados sigamos trabajando en propiciar mejores condiciones de seguridad para la producción y consumo de medicamentos en el país.

A la industria, por ejemplo, le corresponde poner en marcha programas robustos de farmacovigilancia. Al Gobierno, continuar ejerciendo y fortaleciendo su rol de inspección vigilancia y control y a los pacientes seguir reportando los eventos adversos de cualquier medicamento, entendiendo la importancia de estos reportes para preservar su salud y la de otros.

Todos tenemos un rol en la construcción de una Colombia que vigile de manera cade vez más juiciosa el impacto de los fármacos en la salud de las personas.

El principal reto para fortalecer la seguridad de los medicamentos es generar una cultura de reporte de eventos adversos donde la confianza, la transparencia, el reconocimiento del riesgo y la comunicación abierta del mismo son pilares fundamentales. La farmacovigilancia surgió ante la necesidad de proteger la vida humana de los riesgos asociados a los medicamentos, el llamado es a que sigamos uniendo esfuerzos para cuidar dicho propósito.