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El auge de los fármacos adelgazantes GLP-1 transforma la economía global: gimnasios y aerolíneas celebran nuevas oportunidades de negocio
El auge de los fármacos adelgazantes GLP-1 transforma la economía global: gimnasios y aerolíneas celebran nuevas oportunidades de negocio, pero la comida rápida y la moda afrontan pérdidas y desafíos.
Durante 25 años, los clientes de tallas grandes han sido un pilar fundamental para el negocio de trajes a medida del sastre Alan Horowitz.
Sin embargo, según los medicamentos para adelgazar se han extendido por Estados Unidos, donde 10% de la población ya los consume, ha perdido clientela. Han dejado de acudir algunos de los clientes de mayor complexión que en el pasado iban a su tienda en Madison Avenue en Manhattan al no encontrar ropa de su talla en los grandes almacenes.
Según sus cálculos, los fármacos para adelgazar han provocado una caída de entre 10% y 12% de los ingresos de su negocio familiar, Alan David Custom, que va ya por la quinta generación y cuyas raíces se remontan a 1913.
Desde que en 2021 se aprobó en Estados Unidos el fármaco Wegovy de Novo Nordisk para el control crónico del peso, los medicamentos conocidos como GLP-1 han ganado una enorme popularidad. Según la empresa de encuestas Gallup, en junio de este año cerca de 38 millones de personas en Estados Unidos los tomaban. En Reino Unido, PwC estima que alrededor de 5% de los adultos consumen estos medicamentos.
Estas personas están modificando sus hábitos alimenticios, actividades, compras y patrones tradicionales de gasto. En ciertos sectores, como el de los gimnasios y el de los suplementos para la salud, los fármacos GLP-1 están generando nuevos clientes y oportunidades de expansión.
Pero otros sectores se están viendo obligados a replantearse su negocio. Diversas empresas, desde cadenas de restaurantes hasta fabricantes de bebidas alcohólicas, están tratando de proteger sus márgenes de beneficio vendiendo una menor cantidad de producto por el mismo precio, o incluso por uno mayor.
La tendencia a adelgazar está ganando importancia en la agenda corporativa en general. Más de 200 empresas que cotizan en Bolsa que no pertenecen al sector sanitario, mencionaron los fármacos GLP-1 durante sus presentaciones de resultados trimestrales, el doble que en el mismo periodo del año anterior.
Algunas compañías, como PepsiCo y Domino’s Pizza, señalan que el impacto de estos fármacos en la dieta de los consumidores representa un posible riesgo para su negocio. Según estimaciones del grupo de estudios de mercado Worldpanel by Numerator, en Reino Unido el uso de fármacos GLP-1 ha reducido el gasto en productos de alimentación en unos US$1.042 millones. Y en un futuro próximo cabe esperar que su uso aumente.
Desarrollados inicialmente como tratamiento para la diabetes, los agonistas del receptor del péptido 1 similar al glucagón (GLP-1, por sus siglas en inglés) actúan como supresores del apetito al estimular la liberación de insulina en el torrente sanguíneo. Por lo general, se administran mediante inyecciones y hasta ahora los usan sobre todo personas con gran poder adquisitivo.
No obstante, se prevé que estén disponibles de forma más generalizada en comprimidos. Asimismo, se estima que los costes de fabricación disminuirán. En la próxima década también deberían aparecer versiones genéricas más baratas a medida que las patentes de la semaglutida (el principio activo de Wegovy y Ozempic) expiren a principios de la década de 2030 en Estados Unidos y Europa.
Según los analistas, los fármacos para adelgazar forman parte de un cambio más amplio y permanente en el comportamiento de los consumidores. Las personas dan cada vez más importancia a su salud: consumen más proteínas, toman suplementos, realizan ejercicio físico y reducen el consumo de alcohol.
Para ciertos sectores, la consigna será adaptarse o morir. Pero otros ya se han beneficiado de esta tendencia. ¿Cuáles son los ganadores de la tendencia a adelgazar?
Según un informe de PwC, los usuarios de fármacos GLP-1 en Estados Unidos han aumentado un 36% la frecuencia con la que hacen ejercicios cardiovasculares como correr, montar en bicicleta o nadar.
Alex Wood, consejero delegado de PureGym, empresa que tiene gimnasios en Europa, Oriente Próximo y Estados Unidos, comenta que su equipo “dedicó mucho tiempo” a analizar si los medicamentos para adelgazar harían que la gente dejara de ir al gimnasio. Ahora cree que resultarán muy beneficiosos para su negocio. Dado que quienes consumen medicamentos para adelgazar pueden perder rápidamente no solo grasa, sino también masa muscular y densidad ósea, estos fármacos están haciendo que recurran a aparatos de musculación y máquinas de resistencia.
PureGym también ha puesto en marcha programas de formación para sus entrenadores personales y tiene previsto ofrecer paquetes de suscripción con descuento junto con prescripciones de medicamentos para adelgazar, promociones que ya se han realizado con éxito en gimnasios de Estados Unidos como Planet Fitness, la mayor cadena de gimnasios del país.
El gasto de los usuarios de GLP-1 en Estados Unidos en suplementos de colágeno ha aumentado 20%, y en suplementos para el cabello y las uñas 16%.
El uso de medicamentos GLP-1 implica efectos secundarios, entre ellos náuseas, dolores de cabeza e indigestión. Según una encuesta realizada por Boston Consulting Group a 1.500 personas, quienes consumen estos fármacos gastan un 20% más en suplementos que los que no los toman. Los encuestados destinan la mayor parte de su gasto a proteínas para combatir la pérdida de masa muscular, fibra para favorecer la digestión y colágeno para contrarrestar la flacidez de la piel.
La demanda de productos inyectables del gigante suizo de la dermatología Galderma ha aumentado después de que varios ensayos clínicos hayan demostrado que son eficaces para el tratamiento de la flacidez facial. El producto inyectable más popular de la compañía es Sculptra, cuyo coste en Reino Unido supera las 500 libras. L’Oréal también está lanzando una serie de productos para la flacidez cutánea y la caída del cabello.
Si se lograra una reducción de 10% del peso de los pasajeros, las cuatro grandes aerolíneas estadounidenses podrían ahorrar US$580 millones anuales.
Las aerolíneas hacen esfuerzos extraordinarios para reducir el peso de los aviones. El combustible ya era su mayor gasto, incluso antes de que la guerra de Irán provocara que su precio se duplicara.
Eliminar las aceitunas de las comidas, utilizar platos más ligeros o reducir el peso de los carritos de servicio a bordo son algunas de las medidas que las aerolíneas han adoptado en el pasado para aligerar la carga. Los pequeños ahorros se acumulan: cuando United Airlines imprimió su revista de abordo con un peso de solo un gramo menos, el ahorro en el coste de combustible para toda su flota ascendió a cerca de US$300.000 anuales. Sin embargo, cualquier intento de controlar el peso de los pasajeros ha provocado una gran indignación. Esto podría cambiar.
En enero, Sheila Kahyaoglu, del banco de inversión Jefferies, calculó el posible impacto del uso de fármacos para adelgazar en un vuelo: una reducción media del 10% del peso de los 178 pasajeros de un Boeing 737 Max 8 reduciría en 2% el peso de la aeronave. Para el conjunto de las cuatro grandes estadounidenses, esto podría suponer un ahorro de 580 millones de dólares al año.
“A medida que más personas recurren a estos fármacos, no resulta descabellado pensar que esto pueda traducirse en un ahorro de costes significativo para las aerolíneas, sobre todo teniendo en cuenta que el precio del petróleo es muy alto en este momento. Además, las personas con un mejor estado de salud podrían estar más dispuestas a viajar”, señala Kahyaoglu.
Asimismo, las aerolíneas podrían aprovechar el menor peso para el transporte de mercancías que es altamente rentable y cuyo precio ha aumentado considerablemente desde la guerra de Irán. Sin embargo, una desventaja sería la disminución de ventas de productos con alto margen de beneficio, como aperitivos, refrescos y bebidas alcohólicas.
Y en el lado opuesto, ¿cuáles son los perdedores de la tendencia a adelgazar?
Un 61% de los usuarios de medicamentos GLP-1 en Estados Unidos redujeron su gasto en aperitivos azucarados, según una encuesta de PwC. Un 9% dejó de tomar por completo este tipo de productos.
Muchos usuarios de fármacos para adelgazar dejan de tener ganas de picar entre horas y tienen dificultades para digerir alimentos ricos en grasas. Para los supermercados esta es una mala noticia.
Durante los seis primeros meses de tratamiento con fármacos GLP-1, el gasto en productos dulces como magdalenas y donuts disminuyó un 9%, mientras que el gasto en patatas fritas y otros aperitivos salados cayó un 11%, según un estudio de la Universidad de Cornell y Numerator en el que se realizó un seguimiento de usuarios de GLP-1 durante tres años.
Algunas empresas intentan proteger sus márgenes de beneficio promocionando productos de mayor calidad con precios más elevados. “Los productos de alta calidad y gran densidad nutricional están ganando importancia. No es sorprendente que las personas dispuestas a invertir tanto en su salud mediante el uso de GLP-1 también estén dispuestas a pagar más por alimentos más saludables y de mayor calidad”, señala Saxon Moseley, director de ocio y hostelería de la firma de servicios profesionales RSM UK.
Uno de los pocos productos ganadores en el sector de la alimentación es el yogur, que es rico en proteínas. Sus ventas en Estados Unidos aumentaron un 6,7% interanual en agosto, solo superadas por las del requesón, otro alimento con alto contenido proteico.
Las compras de licores por parte de usuarios de fármacos GLP-1 han disminuido 2%, según Diageo.
Se supone que dado que los medicamentos GLP-1 reducen el apetito, también reducen el deseo de consumir alcohol. Sin embargo, los datos de gasto real muestran un panorama distinto. Según un estudio de la Universidad de Cornell, durante los seis primeros meses de tratamiento el gasto en alcohol de los usuarios de GLP-1 se redujo solo un 1%, frente a una caída del 5,3% del gasto total en productos de alimentación.
Diageo, el mayor productor mundial de licores, ha restado importancia al impacto de los fármacos GLP-1. En agosto, su directora de estrategia, Hannah Brooks, señaló que las personas que los consumen gastan sólo un 2% menos en licores, un 4% menos en cerveza y un 5% menos en vino. Además, añadió que al menos el 50% siguen yendo a pubs o bares como mínimo una vez a la semana.
Al igual que otros sectores de consumo, la industria busca ver el lado positivo. Laurence Whyatt, analista de Barclays, comenta que según la encuesta periódica que realiza el banco a mayoristas y minoristas de bebidas alcohólicas, un tercio de los usuarios de fármacos GLP-1 señaló que compraba menos licores, pero de mayor precio.
El gasto en pizzas en establecimientos de comida rápida por parte de los usuarios de fármacos GLP-1 ha disminuido un 22%, según un informe de PwC en Estados Unidos.
Las cadenas de comida rápida son las más afectadas. Investigadores de la Universidad de Cornell detectaron una caída del 8% del gasto en restaurantes de comida rápida a partir del momento en que al menos un miembro del hogar comenzó a tomar fármacos GLP-1.
Domino’s Pizza, que en febrero advirtió a sus inversores de que los tratamientos para adelgazar podrían afectar la demanda, ha señalado que en el tercer trimestre del año registró un alza de las ventas por debajo de la tasa de inflación, debido a que los clientes compraban menos artículos en cada pedido. Jon Tower, analista de Citi, sugiere que los fármacos GLP-1 pueden haber influido en esta tendencia, pero la empresa atribuye el fenómeno a los problemas económicos de los consumidores.
Skye Anderson, presidenta de McDonald’s en EEUU, señaló en septiembre que su empresa tiene previsto lanzar productos ricos en proteínas y de menor cantidad y que está renovando su menú. Su objetivo es incorporar a él nuevos productos ricos en proteínas, como pollo a la parrilla y bocaditos de huevo.
KFC también lanzó en octubre porciones de pollo y patatas fritas tipo snack de menor tamaño con precios a partir de 3,49 dólares.
Según Tower, el uso de medicamentos GLP-1 ha afectado hasta ahora más al “consumo individual que a las salidas sociales”.
La comida para llevar y la rápida han sufrido el mayor impacto, mientras que los restaurantes con servicio en mesa, especialmente los de alta cocina, se han visto menos afectados.
En Reino Unido, los restaurantes están “rediseñando sus menús”, ofreciendo platos ricos en proteínas y, en particular, raciones más pequeñas, declara Moseley. Pero podrían verse presionados a mantener o aumentar sus precios para compensar la menor demanda de entrantes, postres y bebidas alcohólicas, productos que generan un alto margen de beneficio. No obstante, según el consultor Daniel Angerer, el problema es que “cómo es lógico, los clientes esperan pagar menos si reciben una ración más pequeña, aunque el ahorro para el restaurante pueda ser mínimo”.
El 26% de los usuarios estadounidenses de estos fármacos afirma gastar más en ropa y casi el 75% señala haber cambiado de talla, según un informe de PwC. Las firmas especializadas en tallas grandes son las más expuestas.
Impact Analytics, proveedor de software de gestión de inventarios, prevé que las marcas especializadas en tallas grandes sufrirán un declive estructural debido al exceso de existencias, lo que las obligará a reducir precios para dar salida al inventario, como resultado de un gran cambio en la distribución de las tallas.
Aunque según el informe de PwC hay usuarios de GLP-1 que posponen la compra de ropa mientras están en pleno proceso de pérdida de peso, se estima que estos medicamentos provocarán en última instancia un aumento del gasto en prendas de vestir.
“A medida que las personas empiezan a sentir cambios en su cuerpo, comienzan a vestir de forma distinta y a darse el capricho de adquirir marcas de mayor calidad y más caras”, según Ali Furman, director del sector de mercados de consumo de PwC en Estados Unidos.
Alan Horowitz explica que “debido al consumo de GLP-1, hay muchos clientes que se llevan un disgusto cuando les entrego un traje que ya no es de su talla después de haberle hecho muchas pruebas. Sobre todo los novios. Puede que alguien venga el 1 de marzo con un peso de 100 kilos y que al volver el 1 de abril pese 86 kilos. Y arreglar un traje cuesta mucho dinero”.