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INDUSTRIA Sin hambre, con progreso
jueves, 26 de octubre de 2017

Hay 600.000 niños con desnutrición en Colombia

Paula Escobar Gutiérrez

El concepto de empresa lleva consigo el interés de construir, arriesgar, iniciar un camino para entregarle a la sociedad algo que no existía, satisfacer necesidades y recibir una justa retribución por ello. Es como la vida de un ser humano, se parece a una siembra en la que el esfuerzo y la dedicación entregan frutos. Para ello, los empresarios deben diferenciar desde el principio los pilares en que verán crecer aquello que construyen, porque los cimientos le darán fortaleza a algo ideado para competir y perdurar. Sin embargo, es posible hacer ajustes y reinventar formas y procesos en busca de la competitividad.

Aquí está la diferencia entre una empresa que nace y se hace y la vida de una persona. Si en el principio de la vida un ser humano no cuenta con lo mínimo requerido, como los alimentos adecuados y suficientes, no tendrá el normal desarrollo físico, emocional y cognitivo. Luego, su lucha para competir la hará con un rezago evidente y tendrá que ocuparse de sobrevivir porque sus condiciones limitadas le impedirán concentrarse para aprender y aprovechar un potencial marchito por el hambre.

Y los niños de hoy son el talento que las empresas necesitarán mañana para perdurar. La innovación, el emprendimiento, las reinvenciones, el desarrollo mismo depende de los seres humanos que en este momento están llegando al mundo. El sentido de urgencia de ocuparnos ya de los niños que viven en alta vulnerabilidad nos lo da el hecho de que no podremos tener ciudadanos que desarrollen al máximo sus capacidades de estudiar, reír, prosperar y aportar a la sociedad, si viven a medias, alimentados de forma precaria, sin el desarrollo cognitivo adecuado y sin el motor que nutre la autoestima, el sentido de superación, el deseo y la curiosidad por aprender y descubrir las propias capacidades.

Según la Organización Mundial de la Salud, es durante los primeros años de vida, de la mano de la familia y los educadores, que se forman en el ser humano las habilidades para tomar decisiones, resolver problemas, ser solidarios, trabajar en equipo y tener resiliencia.

Por eso es urgente invertir en la nutrición infantil. Cada peso que se invierte para acabar el hambre de los niños tiene un impacto mayor, un evidente retorno. Según cifras del Banco Mundial, un dólar invertido en nutrición en los 1.000 primeros días de vida tiene un retorno a lo largo de la vida de US$11, cuando se atiende la desnutrición crónica. Si consideramos entonces los 500.000-600.000 niños que se presumen podrían tener desnutrición crónica en nuestro país, entendemos que el mañana del que hablamos nos involucra a todos. La desnutrición crónica se refiere a la baja talla (estatura) de los niños por debajo de la edad. Afecta el desarrollo cognitivo y emocional para el resto de la vida.

Como líderes de la causa nacional Gen Cero que significa lograr en Colombia la primera generación con cero desnutrición crónica para el año 2030, sostenemos con total convicción que los 1.000 primeros días es la ventana de oportunidad para un lucha en igualdad de condiciones por el progreso.

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