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RESPONSABILIDAD SOCIAL Aún es poco el esfuerzo que se realiza para evitar el desperdicio de alimentos
miércoles, 16 de julio de 2014
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Rafael Zavala

En el mundo, entre un cuarto y un tercio de los alimentos producidos al año para consumo humano se pierde o desperdicia.

Esto equivale a cerca de 1.300 millones de toneladas de alimentos, lo que incluye el 30% de los cereales, entre 40% y 50% de las raíces, tubérculos, frutas, hortalizas y semillas oleaginosas, el 20% de la carne y productos lácteos y el 35 % de los pescados. La FAO calcula que esto sería suficiente para alimentar a a 2.000 millones de personas.

Las pérdidas y desperdicios de alimentos representan uno de los grandes retos pendientes para lograr la plena seguridad alimentaria y nutricional, un desafío frente al cual América Latina y el Caribe no es ajeno: la FAO estima que 6% de las pérdidas mundiales de alimentos se dan en esta región, donde cada año se pierde y/o desperdicia alrededor del 15% de sus alimentos disponibles, a pesar de que 47 millones de sus habitantes aún viven día a día con hambre.

Las pérdidas y desperdicios impactan la sostenibilidad de los sistemas alimentarios, reducen la disponibilidad local y mundial de alimentos, generan menores ingresos para los productores y aumentan los precios para los consumidores. Además, tienen un efecto negativo sobre el medio ambiente debido a la utilización no sostenible de los recursos naturales. Por todo lo anterior, enfrentar esta problemática es fundamental para avanzar en la lucha contra el hambre y debe convertirse en una prioridad para los gobiernos.

Solo con los alimentos que se pierden en la región durante la venta al por menor, es decir en supermercados, ferias libres, almacenes y demás puestos de venta, se podría alimentar a más de 30 millones de personas, es decir, 64% de quienes sufren hambre en la región.

En Colombia, el hambre afecta a 5 millones de personas; sin embargo, en la venta al por menor se desperdician 5.000 millones de calorías, las que alcanzarían para satisfacer las recomendaciones nutricionales de 3 millones de personas, lo cual permitiría lograr el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio y reducir el hambre a niveles inferiores a 5%.

Los alimentos que se pierden en la venta al por menor en Bahamas, Jamaica, Trinidad y Tobago, Belice y Colombia son equivalentes a los que se necesitarían para alimentar a quienes sufren hambre en dichos países. Otros 12 países podrían disponer de alimentos equivalentes a los que necesitan para alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, si redujeran sólo ese tipo de pérdidas.

Existen formas de evitar las pérdidas y desperdicios en los eslabones de la cadena alimentaria; durante las etapas iniciales e intermedias podrían reducirse las pérdidas a través del mejoramiento de las prácticas de recolección y el uso de técnicas y equipos adecuados, además de realizar inversiones en infraestructura para el transporte, almacenamiento, refrigeración y comercialización.

Un ejemplo son los bancos de alimentos, los cuales reúnen alimentos que por diversas razones serían descartados para su redistribución, y que existen en países como Costa Rica, Chile, Guatemala, Argentina, República Dominicana, Brasil, México y Colombia.

La sensibilización a las personas sobre el tema también es clave, y se puede realizar a través de campañas, como lo realiza la iniciativa global Save-Food, una alianza entre la FAO y la compañía alemana Messe Düsseldorf.

Pérdidas en toda la cadena de alimentos
Las pérdidas en la venta al por menor representan una fracción de las pérdidas y desperdicios totales, ya que éstas ocurren en todos los eslabones de la cadena alimentaria: 28% ocurre a nivel del consumidor; 28% en producción, 17% en mercado y distribución, 22% en manejo y almacenamiento y 6% restante en procesamiento. Esto sucede mientras el hambre continúa afectando a casi 8% de la población regional.