Las nuevas generaciones tienen el derecho y el deber de impulsar cambios, pero el error fatal ocurre cuando se pierde de vista el propósito fundamental que dio origen a la estructura.
Se construye, se avanza y los resultados se evaporan. Este tipo de situaciones cotidianas, donde el progreso parece diluirse, son muy propias de las economías y los sistemas latinoamericanos.
Cabe destacar que los países son muy diferentes entre sí en tamaño, ingreso y ordenamiento institucional. Además, excepto en la Unión Europea, hay escasa orientación en las instancias directivas hacia la integración