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Analistas 01/04/2022

Mitigar antes que reconstruir

Raquel Garavito Chapaval
Gerente del Fondo Adaptación

Es un hecho: es menos costoso mitigar que reconstruir por los efectos derivados del cambio climático. Las cifras y los expertos así lo ratifican. Según la Cepal, las pérdidas anuales para Colombia serían de 0,5 % del PIB, de no mitigar los efectos del cambio climático; mientras que estudios del Banco Mundial advierten que, si a 2030 no se han realizado inversiones significativas para tener ciudades más resilientes, las pérdidas mundiales ocasionadas por los peligros naturales podrían alcanzar los US$314.000 millones anuales.

No en vano, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, quien en el 2015 predijo la aparición de una pandemia, ha advertido que para 2100 las consecuencias por el cambio climático podrían ser cinco veces más mortales que las del covid-19. En Colombia no somos ajenos a esta realidad, vivimos en un país altamente vulnerable, donde por nuestra diversa geografía tenemos desde erosión costera hasta deslizamientos por la deforestación en las cordilleras, y fácilmente pasamos de atender emergencias por las fuertes lluvias a padecer largas sequías. Desde el Fondo Adaptación, la experiencia nos demuestra que invertir en obras de mitigación, de la mano de la implementación de acciones en el modelo económico y productivo, aumenta la competitividad regional y genera menor impacto fiscal para el país. Asimismo, contribuye al ahorro energético y económico, y reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. Si comparamos la ejecución de una obra netamente de mitigación frente a una de reconstrucción, vemos claramente que es más conveniente mitigar. Veamos el ejemplo del Jarillón de Cali, al margen del río Cauca, que es un muro de contención de 26 kilómetros -del que ya hemos construido 23- con el que se busca proteger directamente a más de 900.000 habitantes e, indirectamente, a todos los caleños ante una posible emergencia por la creciente del río. Esta obra tiene una inversión de $371.000 millones.

Por su parte, la reconstrucción de la infraestructura total de un municipio, como en el caso del reasentamiento de Gramalote, para una población de 5.200 habitantes, cuesta $578.000 millones. Lo que nos demuestra que es mucho más costoso reconstruir que mitigar.

En Colombia, las acciones para mitigar y adaptar al país cuentan con todo el compromiso del Gobierno Nacional, que durante el período del presidente Iván Duque ha invertido, solamente desde el Fondo Adaptación, $2,1 billones en obras que benefician a 2,5 millones de colombianos afectados. No puedo dejar de mencionar la Ley de Acción Climática (2169 de 2021), aprobada por unanimidad en el Congreso, la cual impulsa el desarrollo sostenible a través del establecimiento de metas y medidas que buscan conducir al país a la ‘carbono neutralidad’ a 2050, mediante la resiliencia climática.

No solamente hablamos de la construcción de grandes obras de infraestructura, también es necesario crear consciencia ciudadana. Por eso, desde el Fondo Adaptación hemos capacitado a más de 50.000 ciudadanos en gestión del agua y recursos hídricos, en el código de buenas prácticas ganaderas y en proyectos productivos adaptados al cambio climático. Además, hemos implementado cerca de 5.000 huertas familiares resilientes.

Hoy, más que nunca, la premisa debe ser: preservar nuestros recursos y seguir ejecutando obras seguras que perduren por años, reduzcan el riesgo ante los efectos del cambio climático y contribuyan a la construcción de un país con equidad.

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