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EDITORIAL Una semana que pasará a la historia colombiana
viernes, 23 de septiembre de 2016
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La última semana de septiembre de 2016 será recordada como los días en que un Gobierno y unos guerrilleros apostaron por el futuro.

 

En poco menos de 100 días este 2016 pasará a la historia como un año excelente en términos políticos, sociales y de seguridad; feos en el desempeño económico y muy bueno en términos de optimismo por el futuro. Hoy se firma el acuerdo final entre el Gobierno Nacional y las Farc sobre un cese definitivo del conflicto armado y una paz duradera; y el próximo domingo se ratificará mediante un plebiscito entre los colombianos este gran logro. Dos acciones en cadena que consolidan un proceso de casi un lustro de negociaciones y un anhelo generacional de más de medio siglo. Los colombianos están escribiendo la historia; están dando un paso enorme en la reconversión de un país en guerra interna, hacia un país con anhelo inmenso de desarrollo, bienestar e inequidad.

Lo alcanzado por el presidente Juan Manuel Santos es histórico, un logro nunca antes experimentado en el medio siglo de conflicto que costó casi medio millón de personas muertas. Hoy su tarea es criticada y atacada por los opositores que son necesarios para legitimar el proceso y el paso final. La experiencia de otros países ha enseñado que hoy no se le dé importancia suprema a esta jornada, pero será el paso del tiempo que eleve este suceso al hito en donde debe estar. Todos los líderes importantes del mundo; todos los presidentes de países desarrollados; todos los mandatarios de naciones vecinas han destacado el paso dado por el Gobierno colombiano y así lo reconocerá la historia. No es el momento para cobrar venganzas ni criticar a otras administraciones nacionales que no lo lograron o que utilizaron otras estrategias frustradas para pacificar el país. Es un día, una semana de gran emoción que debe ser destacada por quienes vemos en el optimismo y la certidumbre dos insumos fundamentales para crecer en lo económico.

No podemos ser inferiores a la historia y seguir patinando en el mismo fango de la guerra que nos ha desgastado desde hace 54 años. Es el momento de caminar hacia el futuro y hacer de Colombia el país que quisieron nuestros abuelos, un país en donde quepamos todos sin matarnos los unos a los otros. Colombia es un país pluriétnico, diverso, regionalizado, con muchas diferencias que tenemos que respetar. La única gran distancia entre los colombianos que hay que recortar es la desigualdad social en la que todos los indicadores globales nos rajan. La brecha entre lo urbano y lo rural; la peyorativa discriminación entre estratos; el acceso a servicios públicos desiguales y a una educación de calidad deben convertirse en los retos del futuro y en los imperativos del debate político. No podemos seguir patinando en los mismos temas de guerra, esa temática que ha elegido presidentes, alcaldes y gobernadores. La Colombia de los años venideros debe cambiar la agenda de guerra por una verdadera agenda de desarrollo.

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