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“Un espíritu de diálogo”, en el foro de Davos
El foro económico de Davos ya no es lo que era antes, lugar en donde se exponían las tendencias globales en armonía, este año el mundo gira en torno a Groenlandia
El Foro Económico de Davos nació en 1971 por iniciativa de Klaus Schwab, un profesor de la Universidad de Ginebra, que convocó unos 500 ejecutivos europeos en la ciudad suiza para hablar de temas empresariales.
La idea inicial era conocer -ayudar a difundir- el modelo de gestión empresarial de las grandes multinacionales estadounidenses; el éxito fue tal que, en los años siguientes, llegaron políticos de renombre quienes consolidaron el encuentro empresarial como el epicentro de las nuevas ideas que dominarán el mundo.

En los años 90, el Foro Económico Mundial ya era una marca desde donde se tiraba línea política y económica. No había líder empresarial o político que desechara ser invitado y su fundador, Schwab, era recibido en todos los países como un gurú empresarial; posteriormente se hicieron sedes de Davos y se lanzaron conceptos novedosos como los de la cuarta revolución industrial, la sostenibilidad, el calentamiento global, las migraciones, entre otros de alto impacto.
Casi todos los presidentes latinoamericanos pagaban mucho dinero para ser invitados como expositores, mientras que la presencia de empresarios se fue menguando, para convertirse en una reunión de gregarios corporativos.
El rótulo de este año es “un espíritu de diálogo”, eslogan que muestra mucho el aroma de lo que va a pasar, pues el asistente estrella es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien va a una Suiza neutral en medio de la polémica por su idea de comprar Groenlandia a Dinamarca, un proyecto que parece sacado de los siglos XVIII o XIX, pero que ha saltado sobre la agenda global como la hoja de ruta de lo que puede pasar con Rusia buscando quedarse nuevamente con Ucrania y la voracidad de China sobre Taiwán.
Tiene sentido que Trump desarrolle su idea sobre el futuro de la gran isla de hielo como objeto del deseo para explotar sus recursos naturales y como piedra angular de la seguridad de todo el continente americano, luego que depusiera militar y magistralmente al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro.
La cadencia de los hechos de este 2026 dictan que el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos -que se celebran el próximo julio- estará cargado del verdadero sentido del “Make America Great Again” (que Estados Unidos vuelva a ser grande), abreviado como “Maga” por la prensa mundial, un auténtico grito de guerra diplomática, con aranceles como misiles, que está cambiando la geopolítica global.
Europa no tenía este escenario sobre la mesa, pero sí en Suramérica, en donde se había descontado la intervención en Venezuela y quizá en alguna otra nación narcotraficante para alinear los verdaderos intereses geopolíticos.
Este año Davos puede quedar más frío si Trump, en territorio europeo, expone ante el concierto de empresarios y líderes globales sus verdaderas ideas sobre cómo deben ser los continentes y sus intereses de desarrollo.
Muy interesante lo que puede salir de esta reunión de 3.000 participantes, entre ellos 64 jefes de Estado y de Gobierno, quienes, al oír que el Mandatario estadounidense irá, confirmaron su asistencia y será una de las ediciones más concurridas de la historia del WEF, el World Economic Forum. El Gobierno colombiano ha cancelado de momento su participación, pero Davos en enero aún sigue siendo un buen escenario para atraer inversionistas.
Todo el mundo habla del peso de las actividades subterráneas en la devaluación, el desempleo, la inseguridad, la informalidad y todo lo que impacta los datos fundamentales
Los últimos años se ha agitado la tensión entre centralismo y regionalismo, consecuencia de que a Petro -los alcaldes y gobernadores- le salieron al camino