viernes, 15 de noviembre de 2019

Con un crecimiento de 3,3% durante julio, agosto y septiembre la economía colombiana será la que más crece en la región entre las más grandes, pero no hay que bajar la guardia

EditorialLR


Los pronósticos y las apuestas de los economistas y analistas del desempeño económico del país apuntaban a que durante el tercer trimestre del año (julio, agosto y septiembre) el Producto Interno Bruto, PIB, estaría muy cerca de 3,5%, pero al final las cuentas del Dane señalaron que la cifra fue 3,3%, que si bien no es mala, es la más alta si se comparan estos trimestres desde 2015; obviamente las necesidades del país no son las mismas de ese entonces y ahora se necesita mínimo un repunte permanente de 4,5% para poder reducir las cabalgantes tasas de desempleo. La proyección del Banco de la República era 3,2%, y la compartían casi todos los gremios.

Es una muy buena noticia porque refrenda que la economía colombiana es de las que más crece en la región entre las más grandes; sólo superan ese 3,3% un par de pequeñas economías que presentan cifras cercanas a 4%, pero que no son más grandes que la economía de Bogotá, hablamos de Bolivia y Paraguay. El hecho de que Colombia pueda aparecer como la economía que más crece en el continente es un incentivo para las empresas que invierten en la región y envía señales que poco a poco todos los indicadores irán mejorando. No podemos hablar de equidad o mejor distribución de la riqueza si no hay crecimiento económico. Colombia debe ser un país que reparte riqueza y crecimiento, alejándose de la idea de repartir pobreza y desigualdad.

El PIB es el termómetro generalizado y así debe ponderarse; es uno de los indicadores que miran las firmas calificadoras de riesgo y que monitorea la banca multilateral para hacer préstamos o respaldar emprendimientos públicos o privados.

El crecimiento de 3,3% es superior al registrado en el mismo periodo del año anterior cuando el dato fue de 2,6%. Tres sectores aportaron en conjunto 2,2 puntos del crecimiento: comercio al por mayor y al por menor, que creció 5,9%; administración pública y defensa, con una variación de 4,3% y actividades financieras y seguros, que crecieron 8,2%. Hay un detalle esperanzador y es que el agro, que durante el tercer trimestre de 2018 solo había crecido 1,0%, para el tercer trimestre de 2019 fue de 2,6%, especialmente por actividades de café y arroz.

El sector minero creció 1% por la caída de los precios internacionales del carbón que le pasó la cuenta de cobro a todo el sector; el año pasado había crecido 3,2%. Por su parte las actividades financieras y los seguros cuadriplicaron su crecimiento con 8,2%. La construcción cayó 2,6% y fue el único con comportamiento negativo. Las obras civiles dinamizaron el sector, pero las edificaciones volvieron a caer. Con este dato las expectativas mejoran sobre el cierre del año que se estiman por encima de 3,6% según toda la banca multilateral.

No hay otro camino que sincronizar el crecimiento de todos los sectores económicos para que el PIB de este año esté cerca de 4% y el próximo lo supere. Las condiciones están dadas, la inflación estará en ese mismo porcentaje y las tasas de interés del Banco de la República son estables en 4,25% desde hace más de año y medio; lo único a esperar es que el Congreso no improvise con la reforma tributaria que está en su poder y someta a la economía a su segunda cascada impositiva en dos años. Lo mínimo a esperar es seguridad tributaria para avanzar.

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