martes, 13 de octubre de 2020

El teletrabajo heredado de la pandemia puede convertirse en algo tan disruptivo como la misma revolución industrial, muchas empresas de tecnología han nacido de esta necesidad

EditorialLR

Hasta marzo de este año el teletrabajo no pasaba de ser un experimento que no convencía muy bien a la alta gerencia de las empresas, habían motivos de peso para no apostarle, tales como la desconfianza de los jefes hacia sus subalternos cuando no los ven; la inseguridad de sentir minada su autoridad; el miedo a los fallos de las tecnologías necesarias; el malestar generado por las reivindicaciones como sillas, celular o internet.

Todo se puede resumir en inseguridad de los jefes ante una nueva realidad y la tradicional resistencia al cambio. Hoy, ocho meses después de que la Organización Mundial de la Salud, OMS, declarara la pandemia, lo único que se sabe con certeza es que el teletrabajo llegó para quedarse en una buena parte del trabajo formal de las empresas de todo el mundo.

Lo primero que hay que derrotar es la idea de que el teletrabajo fue solo un remedio para evitar que el covid-19 se propagara entre los empleados. Una hipótesis comprobada en los primeros meses y apoyada por los gobiernos. Google fue el primero en enviar a todos sus trabajadores a sus casas, lo mismo que Apple, Microsoft, Twitter y Facebook, arquetipos empresariales que todos imitan y que siempre encabezan los listados de compañías más innovadoras.

La noticia ahora es que estas mismas empresas, entre otras, han abierto la posibilidad de que sus funcionarios puedan teletrabajar de forma indefinida, que esta moda pueda convertirse en una tendencia mundial de profundas repercusiones laborales que los gobiernos ya empiezan a reglamentar.

El teletrabajo ha llegado para quedarse porque no solo es un mecanismo de protección ante enfermedades, sin porque es una oportunidad de mirar compensaciones y beneficios económicas que de ello se desprenden; se abre la alternativa de que las personas puedan vivir y trabajar donde quieran, eso sí, los jefes que los contratan confían en plenitud de que hacen su trabajo enfocados en los resultados y no al ojo de su jefe.

Está comprobado que en teletrabajo se emplean más horas, hay más productividad y los funcionarios están más enfocados a los resultados. El compromiso de un teletrabajador es mayor que el de un trabajador presencial, pues debe demostrar que su foco son los resultados, los entregables y que no se dispersa en trancones, reuniones interminables y tertulias laborales innecesarias.

Durante esta pandemia pelecharon empresas como Zoom y se fortalecieron Skype o Teems, entre otras compañías pioneras de un nuevo sector de alta tecnología al servicio del teletrabajo, emprendimientos que se irán perfeccionando al ritmo de las necesidades de los usuarios; incluso se pueden convertir en prestadoras de servicios laborales de las mismas empresas que conectan, como si fueran una plataforma de domicilios.

No es una exageración afirmarlo, pero el teletrabajo llegó para quedarse, perfeccionarse y crecer como alternativa para las empresas que tendrán que pensar en la verdadera utilidad de las oficinas, sobre todo del personal administrativo que bien pueden hacer sus labres desde la casa: al mismo tiempo nace un reto más para los arquitectos y constructores de viviendas quienes deberán trabajar en un nuevo concepto de casa en donde surgen los estudios, los espacios para el teletrabajo y la interconexión de las nacientes casa-oficinas.

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