jueves, 24 de septiembre de 2020

El Índice de Confianza Comercial se ubicó en 13,8% por primera vez en seis meses, lo que señala el camino de una recuperación, pero hay que traducir el dato en realidad económica

EditorialLR

El pasado agosto, el Índice de Confianza Comercial que mide Fedesarrollo llegó a 13,8%, lo que representa un incremento de 6,7 puntos porcentuales frente a julio, al tiempo que el Índice de Confianza Industrial repuntó 1,5% y retornó a terreno positivo por primera vez en seis meses. Un par de datos muy optimistas que empiezan a señalar un mejor camino y a refrendar que ya se tocó fondo en todos los indicadores entre abril y mayo; ahora queda por delante el crecimiento a mejores datos pre-pandemia.

Dice Fedesarrollo que “el leve aumento del ICI relativo al mes pasado obedece principalmente a un incremento en las expectativas de producción en el próximo trimestre, el indicador del volumen actual de pedidos y una reducción en el nivel de existencias”, comentario sobre las causas que advierte sobre la actitud de los empresarios para el cierre de un año especialmente tortuoso, al tiempo que también ratifica que el último trimestre será mucho mejor de lo esperado y que este buen comportamiento esperado de octubre a diciembre, puede ser la piedra angular de la gran recuperación para el año venidero. Ahora bien: todo va a depender de que las cifras se consoliden y que las autoridades locales y regionales no cierren las economías ante el advenimiento de un rebrote de coronavirus que se empieza a mirar en el horizonte. Un país como Colombia con tantas carencias y retos sociales, en términos de disminuir la precariedad, no puede darse el lujo de volver a cerrar las economías sectoriales, pues muchas veces la informalidad puede entenderse como esa válvula de escape de la sobrevivencia usada por las personas más necesitadas para satisfacer sus necesidades básicas.

Fedesarrollo dice en su informe que, en agosto, 19,4% de las empresas presentó alguna afectación en su operación, en un 92,9% relacionada con el covid-19; 41,3% afirmó que el número de empleados disminuyó comparado con enero de 2020. Frente a la liquidez necesaria para responder con sus compromisos, únicamente 24,9% de las empresas encuestadas puede hacerlo por más de ocho semanas. De este par de sentencias se desprenden dos cosas: la primera que la generación de empleos o la recuperación de los destruidos dependerá del apoyo gubernamental en términos de nómina, y la segunda, que las finanzas siguen muy mal y que el dinero barato debe mantenerse al menos un par de años para estabilizar los proyectos de consolidación.

Los gobiernos nacional, regionales y locales no pueden seguir leyendo la coyuntura como algo pasajero; la crisis desencadenada por el coronavirus llegó para instalarse por varios años y borrará los planes administrativos que se tenían. No es sino mirar los datos de la Organización Internacional del Trabajo que demuestran que los ingresos obtenidos del trabajo en todo el mundo se redujeron 10,7%, o US$3,5 billones, en los primeros nueve meses de 2020, en comparación con el mismo período hace un año; esto no incluye las ayudas de los gobiernos durante la pandemia y equivale a 5,5% del PIB mundial durante los primeros tres trimestres de 2019. La cruda realidad es que hay que cambiar la cartilla y rodear, cuñar, sostener y proteger los indicios de que la economía local empieza a mejorar; por ahora es vital sensibilizar que todo puede enderezarse, pero es cuestión de compromiso social.

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